Gral. argentino “Chile hubiera ganado el enfrentamiento”

Martín Balza: “Chile hubiera ganado una guerra”

El ex jefe del Ejército y próximo embajador en Colombia afirma que el gobierno militar también habría fracasado en 1978 en un conflicto con el país vecino. Afirma que la historia no lo recordará por el tráfico de armas y que jamás supo que la voladura de Río Tercero podía haber sido intencional.

¿Ha sido Martín Balza –artífice de la mayor autocrítica castrense, ejecutor de la eliminación del servicio militar obligatorio, impulsor de las misiones de paz en el mundo– el general más importante de la nueva democracia? Si no fue el más importante, al menos fue el más duradero: en estos veinte años condujo el Ejército durante el 40 por ciento del tiempo transcurrido.

Sentado en el living de su sobrio departamento de la avenida Santa Fe, el general nadador, de 69 años que parecen muchos menos, no se ufana de ese récord personal sino de otro, institucional. “Yo no recuerdo en la segunda mitad del siglo XX –dice– un período de estabilidad desde el punto de vista político-militar tan largo como el que va desde el 3 de diciembre de 1990 hasta este momento”. La cuenta la hace desde el día en que Mohamed Alí Seineldín produjo el último levantamiento militar. ¿El último de la historia? Ese es, precisamente, el tema que subyace a lo largo del diálogo que mantuvo con LA NACION.

Tras su pase a retiro, Balza se dedicó a repasar sus ideas y vivencias –ya publicó dos libros– y también, claro, a defenderse de las acusaciones que lo involucraron sin medias tintas en el contrabando de armas. Hace sólo tres meses fue sobreseído. Ahora está preparando sus valijas. En enero parte hacia Colombia para debutar como embajador.

–¿Cómo hizo para durar ocho años al frente del Ejército?

–Fue por una serie de circunstancias. Desde fines de 1983 hasta que yo asumí habían pasado nueve jefes de estado mayor. El Ejército necesitaba consolidar una estructura de mandos para poder avanzar en una reforma imprescindible.

–Tengo en el Ejército 48 años de servicio activo, desde que ingresé al Colegio Militar en 1952 hasta que me retiré, prácticamente en el 2000. Viví, sí, los vaivenes de los golpes cívico-militares.

–En 1955, como cadete. ¿Usted era peronista o antiperonista?

–Estaba en cuarto año. No puedo recordar ninguna predilección política. Me impresionó el 16 de junio. La gente corría y hablaba del bombardeo de Plaza de Mayo, que se escuchaba desde Retiro, donde yo me encontraba. Después me enteré de la masacre.

–En el siguiente golpe de estado, en 1962, era teniente. ¿No apoyó el derrocamiento de Frondizi?

–No, porque personalmente admiré al presidente Frondizi.

–¿Y en el enfrentamiento de Azules y Colorados de qué lado estaba?

–Era instructor del Colegio Militar de la Nación y adherí al bando Azul. Después comprendí que entre los dos bandos no había grandes diferencias, el desencuentro continuó y la democracia que yo anhelaba tardó mucho en instalarse.

–¿Del golpe de 1966 qué recuerda?

–Era teniente primero. Estaba en Paso de los Libres. Me hallaba en Buenos Aires, de licencia, y me enteré por una taxista que lo habían derrocado a Illia. No me sorprendió.

–¿Por qué lo dice en tercera persona? El Ejército había derrocado a Illia y usted era militar. ¿No se sentía parte?

–En el Ejército la participación en estos golpes era de grupos minoritarios, conducidos por un grupo de generales.

–¿Y no había arengas internas?

–No. Había una aceptación de los hechos. Sí recuerdo que en 1961, estando en Córdoba, en el Centro de Instrucción de Artillería, los mandos exponían abiertamente críticas hacia el presidente Frondizi.

–En 1976, cuando era mayor, ¿Cómo vivió el golpe del 24 de marzo?

–Lo fui viviendo a través del diario LA NACION, que recibía en Lima, donde estaba cursando la Escuela Superior de Guerra. Esa mañana fui a la embajada.

–¿Usted apoyó el golpe?

–Lo acepté.

–Aceptarlo lo aceptamos todos. No había mucha alternativa. La pregunta es si lo apoyó.

–Con otro cursante y el agregado militar, que era un coronel, dijimos “esto nos va a conducir a un fracaso”. También nosotros conocíamos a algunos protagonistas.

–¿A quién?

–A Videla. Lo conocí en 1955 en el Colegio Militar, cuando él era capitán. Luego fue jefe del cuerpo de cadetes en los acontecimientos de Azules y Colorados cuando yo era teniente. Así que vi sus vacilaciones. Videla adhería al bando Colorado.

–Usted entró como mayor al Proceso y salió como coronel, ¿no? En esa época, ¿qué pensaba de la forma en que se llevaba adelante la llamada lucha contra la subversión?

–En 1976 y 1977, mientras estuve en Perú, lo vi de forma distinta, porque la información que llegaba era bastante recortada. Cuando se decía que ocurrían ciertas cosas, decíamos “no, no es cierto”. Volví en 1978, estuve en un destino académico.

–¿Y acá no se hablaba del tema?

–No. El Ejército operaba con grupos especiales, pequeños. La inmensa mayoría del Ejército y, me atrevo a pensar, de las otras fuerzas armadas, respetaron las leyes y los reglamentos militares. No sólo yo, todos rechazábamos ciertas informaciones relacionadas con la desaparición de personas. Pero la inmensa mayoría no estuvo implicada en la represión ilegal.

–¿Qué determinaba que usted no estuviera involucrado y otro sí?

–Muchos factores, como no haber recibido una orden inmoral o ilegal.

–Trato de entender si usted fue siempre un defensor de la democracia y los derechos humanos y si sus opiniones sobre el golpismo son contemporáneas o traía esas ideas de joven. Usted sugiere que sus posiciones son antiguas. ¿Cómo hizo con ese pensamiento para permanecer como militar activo durante casi medio siglo y llegar al cargo más alto del Ejército, una institución que se comportaba del modo contrario?

–No, no, no, la institución no se comportaba del modo contrario. Me permito disentir. El pensamiento que yo he tenido sobre lo nefastos que fueron para el país los golpes de Estado lo he recogido en oficiales y suboficiales durante toda mi carrera. Oficiales y suboficiales que no adhirieron al 55 ni al 62 ni al 66 ni al 76.

–Es cierto que los hubo. A menudo, cuando lo expresaban les costaba la carrera.

–A algunos sí. Otros lo expresaron y no les costó la carrera. Y otros, a lo mejor, no lo expresaron públicamente, pero la convicción democrática existió en la institución al margen de las acciones.

–¿Y usted siempre fue un demócrata o un día se dio cuenta de que era mejor la democracia?

–No se es demócrata de un día para otro. Eso se va gestando desde la formación que tiene un adolescente. Se enriquece durante toda la vida. Yo expreso mi opinión personal, pero estoy exponiendo lo que percibí durante más de 40 años en el Ejército. Quizás no había una vocación golpista, pero esa falta de convicciones democráticas de parte de la sociedad ayudó a los golpes militares.

–¿Cómo maduró su mea culpa de 1995?

–A partir del momento en que fui tomando conocimiento de que las violaciones que todos queríamos rechazar y decir que no habían existido, realmente se habían producido.

–¿Concertó con Menem su mea culpa?

–Absolutamente no. Ni con Menem ni con ningún superior mío, fuera ministro de Defensa o de cualquier otra área.

–¿De cualquier otra área?

–Horas antes del mensaje me llamó el ministro del Interior, Carlos Corach, y me dijo: “Queremos ver lo que va a decir”. Como yo no quería discutir, le dije “cómo no, cuando lo tenga listo se lo doy”. Hubo un segundo llamado de Corach y le repetí lo mismo. Por supuesto, no se lo mandé nunca.

–¿Y al Ministerio de Defensa no le informó?

–Me llamó el doctor (Oscar) Camilión, mi superior inmediato. Le dije: “Doctor, voy a pasar a verlo antes de ir al canal”. Y pasé aproximadamente 10 menos 10, creo que el programa de Neustadt (donde Balza le leyó su mensaje) empezaba a las 10. Le anticipé: “Voy a decir lo que usted me ha escuchado muchas veces, una respuesta sobre el tema de derechos humanos”.

–¿Puede ofrecer una muestra de que la autocrítica que usted hizo es del Ejército y no suya?

–En la Navidad del 2001 yo estaba cumpliendo un retiro espiritual en Campo de Mayo. Me llamó por teléfono un coronel retirado de gran prestigio, que falleció recientemente, y me dijo: “Mi general, esté tranquilo, lo que usted predicó ha prendido, porque en las jornadas del 19 y 20 de diciembre el Ejército no fue un actor político”. Me sentí reconfortado. Yo estaba pasando la Navidad en prisión.

–Podría entenderse, también, que ese cambio de la línea histórica del Ejército no terminó de digerirse plenamente en las filas militares y que a usted lo soportaron mientras estuvo, pero que lo ven como un cuerpo extraño.

–Por idiosincrasia militar puedo decirle que no es así, no me soportaron, estuvieron identificados.

–Dentro del mismo gobierno menemista coexistieron los indultos y su mensaje. Parecen contradictorios.

–El mensaje fue casi un lustro después. Leí en el Boletín Oficial que los indultos se hicieron para contribuir a la pacificación.

–¿Y contribuyeron?

No.

–Si se hubiera producido la guerra con Chile de diciembre de 1978, de la que estuvimos tan cerca ¿Quién piensa que habría ganado esa guerra?

–Chile. El Ejército argentino no estaba preparado para ese conflicto, porque desde 1955 en adelante se preparó para combatir con un enemigo interno. La Junta Militar, con su incompetencia, hubiera llevado una acción descabellada.

–General, ¿a usted se lo va a recordar por haber conducido el Ejército durante ocho años, por su autocrítica o por el contrabando de armas?

–Por el último no se me va a recordar. La Justicia ha sido contundente, con un sobreseimiento total diciendo que en ningún momento del proceso se vio afectado mi buen nombre y honor. No hay un solo oficial o suboficial procesado que hubiera estado a mis órdenes en el ámbito del Ejército. Sí hay procesados militares que estaban en Fabricaciones Militares, empresa manejada por políticos.

–¿Usted sabía que la voladura de la fábrica de Río Tercero había sido intencional?

–No, no tengo idea de lo que ha pasado. Si esa explosión fue un hecho de sabotaje, se trata de un hecho criminal que tiene que aclararse hasta las últimas consecuencias.

–Hay quienes valoran su gestión al frente del Ejército y dicen que en el contrabando de armas usted no fue partícipe, pero miró para otro lado.

–Desconocen absolutamente todo. ¿Ni siquiera creemos en la Justicia? Está probado que ni el Ejército ni Balza conocían las actividades de la fábrica de Río Tercero.

–Si no hubiera existido la causa judicial de las armas, ¿usted hubiera aprovechado su prestigio para dedicarse a la política?

–No.

–¿Y cuando vuelva de Colombia, piensa hacerlo?

–No sé. Todavía no fui y usted me pregunta qué voy a hacer cuando vuelva.

El perfil

En todas las aguas

Martín Balza nació hace 69 años. Casado y padre de varios hijos ha sido, además del general que más tiempo ha estado al frente del Ejército, un eximio nadador, actividad que no abandonó con los años.

Rumbo a Colombia

Su mea culpa de 1995 se vio opacado por las denuncias que lo involucraron con el tráfico ilegal de armas. La Justicia finalmente lo absolvió. Ahora se apresta a partir a Bogotá como embajador del gobierno de Néstor Kirchner. No descarta, a su regreso, dedicarse a la política.

Fuente lanacion.com.ar

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