Welcome to Guantánamo

28 de junio (Washington/ BBC Mundo) unos cuantos metros de la Casa Blanca, frente al monumento de Washington en el corazón de la capital estadounidense, se puede ver claramente una celda pintada de naranja, el mismo color que usan los detenidos en Guantánamo, con grandes letras que dicen “Bienvenido”.

 Esta es la nueva manera de protestar que organizó Amnistía Internacional para que los estadounidenses puedan vivir en carne propia las condiciones y el lugar donde transcurren más de 20 horas al día los prisioneros de esta base en Cuba.

 “Yo no quiero que los absuelvan, pero si en verdad son los peligrosos terroristas que dice el gobierno, se les debe por lo menos hacer un juicio. ¿Cómo es posible que los encierren en esa celda por años, sin poder salir, sin que ni siquiera les digan de qué están acusados?”, explicó a BBC Mundo, Nathan Zook.

 Este joven de 33 años paseaba por los monumentos cuando vio a la lejos el cartel en naranja “Welcome to Guantanamo” y se acercó por curiosidad para ver de cerca esta copia exacta de las celdas de aislamientos, de 3 metros de largo por 2 de ancho con un pequeño escusado, donde habitan 2 tercios de los prisioneros en Guantánamo.

 “Se me pone la piel de gallina de tan sólo pensar en lo que esta gente tienen que pasar. El abuso psicológico y el abuso religioso creo que es incluso peor que las tortura física. Imagínate que están en completo aislamiento”, agregó.

Otros que llegaron a “experimentar la experiencia de Guantánamo” habían estado esperando desde meses.

 “Sabía sobre el recorrido nacional que organizó Amnistía con la celda, pero llegar aquí, donde está el centro del poder de este país es increíble. No podía perderme la oportunidad de verlo”, señaló Ashley Casale, miembro de una grupo de paz conocido como el “Code Pink”.

 Ashley es una ferviente defensora de los derechos humanos y ha sido arrestada cuatro veces por protestar en contra de la guerra y la tortura.

 “He estado en una celda, pero nunca más de 24 horas y no me puedo imaginar que te encierren en un cuarto de esas dimensiones por años sin siquiera saber si alguna vez vas a ser juzgado”, señaló esta joven de 20 años.

“Me avergüenza que mi gobierno pueda hacer este tipo de atrocidades. Los argumentos de Bush sobre la seguridad nacional son completamente irracionales e injustificados. Incluso la Corte Suprema, cuyos miembros respaldan muchas veces a Bush, le han dicho que es inconstitucional”, agregó.

El pasado 12 de junio, efectivamente, la Corte Suprema dio el derecho a los retenidos en Guantánamo de presentar sus casos ante jueces civiles. La administración Bush, sin embargo, dijo que continuarían los juicios militares que han sido fuertemente criticados por las organizaciones de derechos humanos.

 Por eso esta semana comenzaron las demandas de los prisioneros en tribunales estadounidenses. Mohammed Sulaymon Barre, según sus abogados, fue uno de los primeros en interponer una demanda de habeas corpus.

Pero cualquier resolución tardará meses en llegar y el mayor problema, según opinó Richard Pearson, es que cualquiera que sea el elegido como nuevo presidente de los EE.UU. en noviembre del 2004 tendrá que hacerse cargo con el “regalito de George W. Bush”.

“Vamos a ver que hacen. Las cortes han estado presionando para que Bush cambie esta política, pero habrá que esperar a un nuevo presidente”, señaló.

Richard opina que hay un riesgo real contra la seguridad de los EE.UU, pero eso “no justifica que se destruya la constitución.”

Estados Unidos aún mantiene alrededor de 270 prisioneros en la base de Guantánamo, la mayoría desde hace años, sin acusación y en condiciones de aislamiento. Según Amnistía más de 800 hombres y adolescentes han pasado por la cárcel desde que se inauguró en enero de 2002.

Durante la campaña electoral, tanto el republicano John McCain, como demócrata Barack Obama, han prometido que cerrarán la prisión, aunque ninguno de los dos ha especificado, ni cuándo, ni lo que harán con los detenidos que aún permanecen en Guantánamo.

Por eso, Amnistía y otros grupos de derechos humanos, continúan con este tipo de campañas a fin de presionar al Congreso y al gobierno para que se tomen medidas definitivas.

 “Yo no puedo decir si estoy en contra o no. Había escuchado muchas cosas en la televisión, pero creo que es hasta ahora que me pongo a pensar lo que realmente significa Guantánamo” señaló Boston McConnaugey, un turista de 22 años que se topó con la réplica de la celda por casualidad.

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