Una lección de aeropuerto: Tristeza al despedir pero caras de felicidad de aquellos que se vuelven a encontrar

¿Alguna vez te has tenido que despedir de alguien que amas, alguien cercano a ti, y saber que no le veras por mucho tiempo o no sabes cuando le volverás a ver? ¿Cómo te has sentido?, Seguramente te sientas como yo me siento ahora después de despedirme de mi hermana y verla partir. –La última vez que nos vimos fue hace 3 años y no quiero pensar que tendré que esperar otros 3 años más para volver a verle, sé que no será así.

Es interesante ver que en un mismo lugar –ya sea un aeropuerto o una estación de bus- hayan sentimientos tan distintos uno con el otro. Allí vemos a la gente con lágrimas en los ojos y tristeza al despedir de los que quieren, pero en el mismo lugar vemos caras de felicidad y gozo de aquellos que se vuelven a encontrar. Ambos se dan besos y abrazos, pero unos son tristeza y pesar y otros con felicidad y gozo.

Eso me hizo pensar en el gran día en el que nos encontraremos con nuestros seres queridos y con nuestro Gran Juez y tengamos que ir a nuestro destino eterno, allí también veremos abrazos y besos, algunos de gozo y otros de lamento dependiendo el modo que hayamos vivido, los convenios que hayamos hecho y si hemos o no guardado sagrados esos convenios.

No puedo ni imaginar el gozo –y también el pesar-que habrá ese día.

La buena noticia es que nuestro tiempo de preparación, nuestro tiempo para definir nuestro destino eterno aun no ha terminado, pero todo lo que hagamos y dejemos de hacer tendrá un impacto importante en ello.

Quizás para algunos los cambios sean más sencillos que para otros, pero sin importar cuánto trabajo se requiera debemos tener presente las palabras de nuestro Maravilloso Creador que dicen: “Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas” (Josué 1:9).

Recuerda que esta es la obra de nuestro Padre Celestial, pero el destino que estamos construyendo es el nuestro.

Tenemos una obra que hacer, no solo por nosotros sino también por aquellos que vendrán y aquellos que se han ido. La responsabilidad de hacerlo es nuestra…pero también nuestro será el gozo.

Se sin ninguna duda que Dios vive y me ama, se que Cristo vivió y murió por mí, y sin importar cuantas veces yo haya fallado hoy puedo empezar nuevamente y Él me está esperando con los brazos extendidos para decirme bienvenido.

Por Juan M. Victorio

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