¿Una democracia sin sociedad civil? – Teresa Valdés E.

lanacion.cl
¿Una democracia sin sociedad civil?
Por Teresa Valdés E., ex presidenta del Consejo (provisorio) del Fondo  para el Desarrollo de la Sociedad Civil
La polémica, aprovechada por parlamentarios que nunca han querido la  participación, puede constituir una oportunidad para una reflexión más  seria en torno a la democracia que queremos.
La sociedad civil chilena es un actor históricamente incomprendido y  poco relevado desde el punto de vista de su gran aporte al desarrollo  y a una convivencia democrática e inclusiva. No obstante, como bien lo  revela el Estudio Comparativo del Sector Sin Fines de Lucro, publicado 
en 2006 y realizado por un equipo encabezado por Ignacio Irarrázaval y  como parte de una iniciativa mundial impulsada por la Universidad John  Hopkins, no sólo se trata de un actor indispensable en el avance de la  democracia, la innovación social y el diseño y la ejecución de las  políticas públicas pertinentes, sino que es un sector relevante en  términos económicos.
El sector no lucrativo chileno emplea de manera remunerada y  voluntaria a más de 303 mil personas en Jornada Completa Equivalente  (JCE), lo que representa 4,9% de la población económicamente activa.  El solo empleo remunerado representa 2,6% de la población  económicamente activa. En otras palabras, la sociedad civil chilena  emplea más de tres veces el personal del sector minero (1,3%) o dos  tercios del empleo de la construcción (8,1%).
Sin embargo, a pesar de su importancia política, social y económica,  las políticas públicas que apuntan a su fomento y fortalecimiento son  escasas y acotadas e incluso muchas veces se cuestiona la necesidad de  la inversión pública para el desarrollo del sector. Recién en 2000, se 
impulsó desde el Gobierno de la época el desarrollo de una política  pública en esta materia, en cuyo diseño participaron representantes de  diversas organizaciones de la heterogénea sociedad civil.
Entre una de las medidas dispuestas, en septiembre de 2002 se  constituyó el Consejo Provisorio del Fondo para el Desarrollo de la  Sociedad Civil, que ha tenido la misión de “contribuir al desarrollo  de Organizaciones de la Sociedad Civil como un actor social diverso,  innovador y responsable para el pleno ejercicio de la democracia, la  participación ciudadana, la creación de condiciones para la  asociatividad y el enriquecimiento del tejido social y el mejoramiento  de la calidad de vida de la población en su conjunto”.
La tarea principal del organismo ha sido desarrollar una  institucionalidad para el apoyo a las organizaciones de la sociedad  civil a partir de concursos de proyectos. El consejo (provisorio),  formado mayoritariamente por representantes de organizaciones de la  sociedad civil de distintos ámbitos políticos y sociales, que aportan  su tiempo y sus capacidades de forma gratuita y voluntaria, ha  constituido una experiencia única en la historia nacional, fruto del  trabajo colaborativo entre la sociedad civil en toda su diversidad y  los organismos estatales en la perspectiva de construir una mejor  democracia sobre la base de los principios de autonomía, equidad,  participación y transparencia.
El consejo ha aportado a construir procedimientos, instalar mecanismos  de rendición de cuentas y transparencia para que miles de  organizaciones puedan acceder a información relevante, mediante una  plataforma virtual (www.portalciudadano.cl) puedan postular a los  concursos, conocer las actas del consejo, los informes de gestión y  los resultados de los concursos realizados.
El fondo ha entregado entre 2003 y 2007 más de 3 mil 650 millones de  pesos mediante siete concursos que favorecieron a mil 152 proyectos  que reunieron a varios miles de organizaciones de todo tipo a lo largo  y ancho del país. Se trata de proyectos definidos por las propias  organizaciones y no como parte de programas sociales de institución  alguna.
Como parte de su desarrollo y contando con el respaldo de la  aprobación unánime del proyecto de ley de asociacionismo y  participación ciudadana en la gestión pública en la Cámara de  Diputados, durante 2007 se formaron consejos del fondo en trece  regiones y un nuevo consejo nacional, estableciendo una cuota de  recursos para cada región, otras para la modalidad interregional y  nacional. Cada consejo cuenta con una secretaría ejecutiva y la  evaluación de cada concurso se realiza por una organización que se  adjudica este proceso mediante una licitación pública. Un seguimiento  riguroso de esta experiencia no puede sino celebrar los resultados  alcanzados.
A lo largo de estos años ha ganado un reconocimiento progresivo entre  las organizaciones sociales, las instituciones públicas y también  organismos internacionales. Es así como un estudio encargado por la  secretaría ejecutiva del fondo da cuenta de la importancia y utilidad  de esta iniciativa para el desarrollo y el fortalecimiento de la  sociedad civil. Se encuentran en este documento múltiples testimonios  de cómo el apoyo logrado a través del fondo vino a consolidar las  organizaciones, ampliar sus redes de contacto, fortalecer sus  capacidades de gestión, así como difundir su quehacer y aporte a su reconocimiento por parte de otros actores.
Es por ello que resultan incomprensibles las acusaciones lanzadas por  una revista local acerca de manejos oscuros en su quehacer. Sobre la  base de información parcial y añeja, y la malinterpretación de buenas  prácticas de control y monitoreo interno, propias de todo fondo concursable con recursos públicos, referida a un número insignificante  de casos en un universo que supera el millar, se desprestigia un  esfuerzo de la mayor seriedad de los actores sociales convencidos de  que no se puede entender la democracia sin ciudadanía, que no  alcanzaremos como país una democracia y un desarrollo de verdad  sustentable, sin una sociedad civil vigorosa y activa, organizada en  diferentes modos y sectores, con amplia participación de todos los  sectores en los asuntos públicos.
¿Cuál es la apuesta detrás de tales acusaciones? ¿Destruir el tejido  social que se ha reconstruido con tanto esfuerzo estos últimos años?  ¿Desprestigiar sus liderazgos? ¿Crear el espejismo que es posible la  democracia sin una sociedad civil fuerte? La polémica desatada,  aprovechada por parlamentarios que nunca han querido la participación  ciudadana, puede constituir una oportunidad para una reflexión más  seria en torno a la democracia que queremos, a cómo la construimos  colectivamente.
Mi invitación es a conocer la experiencia del Fondo para el Desarrollo  de la Sociedad Civil, a leer los debates que registran sus actas, a  conocer las opiniones de quienes han participado en él o realizado  actividades con su apoyo.

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