Niños que abusan de otros niños

ABUSOImagen: www.paula.cl

Juegos sexuales

Por Por Alejandra Carmona y Beatriz Michell / La Nación

Tienen entre 10 y 17 años y un dedo marcado en la frente de tanto ser apuntados. Se han ganado sobrenombres como “el violador”, “el cochino” o “el abusador”. Son adolescentes que han abusado sexualmente de hermanos, primos y compañeros de colegio en respuesta a una historia de maltratos, vulneración o sobreprotección.

Exequiel era el niño desordenado. Sus padres se habían separado y él vivía con su papá y su madrastra. Dejar a su mamá y vivir con otra señora no le fue fácil. Pero más complicado se volvió cuando su madrastra comenzó a golpearlo para “corregir su conducta”, frente a los pasivos ojos de su padre. Sólo con 13 años, Exequiel, cansado de sentir la violencia en su cuerpo, devolvió el pago con la misma moneda. Un día violó a su media hermana, hija de su papá y la madrastra que lo maltrataba.

Ésta es una de las tantas historias que ha tenido que escuchar Paula Lobos, sicóloga de la ONG Paicabí, una de las dos organizaciones que trabaja formalmente con niños agresores sexuales en Chile.

Según las estadísticas, la mayoría de los adolescentes involucrados en situaciones de abuso son víctimas. Sin embargo, se asoma tímida otra cifra: el 30% de los agresores sexuales son adolescentes. De ellos, los que no tienen una carrera delictual agreden a conocidos: sobrinos, compañeros de colegio, primos y hasta a sus propios hermanos.

“Hay muchas causas para que un niño llegue a agredir a otro. Un adolescente está en una historia, en un contexto, en el que influyen muchas variables. A veces los niños están con adultos que los aman mucho, pero que no los protegen como debieran. A veces están sobreprotegidos, o no tienen límites claros, o han sufrido maltrato grave físico o sicológico, o hay antecedentes de abuso en su familia”, explica Lobos.

Chile está en pañales en este tema, por lo que no existe ningún catastro a nivel nacional. Sólo hay indicios del fenómeno: entre 2002 y 2007 el Servicio Nacional de Menores (Sename) recibió a 250 adolescentes con conducta de agresores sexuales. “No nos gusta decir que son violadores porque eso los estigmatiza. La mayoría de ellos puede salir adelante y así se los hacemos saber”, dice Angélica Marín, jefa del departamento de protección de derechos del Sename.

VIOLENCIA INVISIBLE

Los abusos sexuales cometidos por menores no son sólo un problema en Chile. Sin embargo, el tema es aún emergente en el país en relación con otras naciones como España donde el año 2000, Save The Children España convocó a expertos de diferentes países a fin de compartir experiencias. El principal acuerdo estuvo en constatar la importancia de brindar tratamiento temprano a los adolescentes agresores, ya que la mayoría de los abusadores sexuales adultos reconocen haber agredido por primera vez entre los 10 y los 15 años.

“Esta situación es más grave de lo que todos suponemos que es”, asegura Iván Zamora, director de Paicabí. La ONG calcula que sólo en la Región de Valparaíso se detectan anualmente 670 casos de adolescentes agresores, pero actualmente ellos sólo tienen capacidad para atender a cuarenta. Además, en todo Chile sólo hay dos programas que atienden a estos adolescentes: Trafün, en Valparaíso, y el programa Meninf de la Policía de Investigaciones, en la Región Metropolitana. En el resto del país nada. “La cobertura es totalmente insuficiente para la necesidad que existe.

En Chile tenemos una gran cantidad de niños que están siendo maltratados y no son atendidos por el sistema. Necesitamos un país que enfrente esa realidad, lo que significa políticas públicas de largo plazo e inversión. ¿Qué queremos? ¿Más gasto militar o invertir en la infancia?”, inquiere Zamora, cuestionando los cerca de 4 mil millones de dólares anuales que Chile destina a armamento.

Actualmente, el Sename invierte en sus programas de rehabilitación de jóvenes agresores 115 millones de pesos anuales, pero necesita 680 millones para que cada ciudad del país cuente con un centro que permita la rehabilitación de estos menores. De hecho, será la cifra que pedirá en su presupuesto del próximo año.

El tratamiento es a través de proyectos interdisciplinarios que buscan ayudar a los propios niños y a la familia, que también es intervenida.

Los jóvenes que llegan a estos centros tienen entre 10 y 17 años (justo antes de cumplir los 18) y el objetivo principal es demostrarles que sus conductas sexuales agresivas no son correctas, pero no persiguiendo venganza, sino una acción reparatoria. “El reconocimiento es fundamental. Ellos se sienten culpables cuando reconocen de verdad y no por cumplir, y quieren pedir disculpas”, asegura Nelly Navarro, trabajadora social de Paicabí.

El centro Trafün es una de las sedes del organismo que centraliza su trabajo en Valparaíso. Actualmente entregan tratamiento a cuarenta niños y en sus cuatro años de vida han pasado 120 por sus salas. La mayoría son hombres sólo una era mujer , por lo que en los tratamientos se trabajan los temas de género y de abuso de poder con los niños y sus familias. Después de terapias que duran un año y medio, la ONG hace seguimiento durante seis meses. “Nosotros no podemos afirmar que después de ese tiempo no van a reincidir. En nuestro caso dos niños han reincidido, pero los textos dicen que hay alrededor de un 12% que puedan hacerlo. Los jóvenes tienen más posibilidades de cambio que los adultos”, explica Nelly.

Angélica Marín enseña datos similares. “Los estudios nos muestran que es necesario dar ayuda a los niños, porque sólo el 10% de los agresores menores de edad son reincidentes. Lograr la rehabilitación cuando ya son adultos es muy difícil”.

La agresión de menores es un círculo negro, porque el 50% de las víctimas a la vez son menores de cinco años según las cifras que muestra el Sename , una realidad que implica hacer intervención de impacto en forma urgente.

SECRETOS DE FAMILIA

No sólo la falta de protección o el maltrato puede generar conductas de agresión sexual en los adolescentes. Aunque parezca increíble, la sobreprotección también. Un niño cuya mamá le concede todo, no pone límites y lo deja centrado en sí mismo puede ser semilla para comportamientos agresivos. “Lo otro es cuando la madre convierte al niño en su pareja y no proporciona las herramientas para que él desarrolle su individualidad. Ella lo controla mucho, no lo deja salir, lo baña hasta los 16 años, lo infantiliza, no lo deja pololear, etcétera”, explica Nelly.

El rol de los padres es fundamental, por eso parte de la terapia no sólo se preocupa de que el niño reconozca y se responsabilice, sino también en fortalecer las habilidades parentales, educarlos para que se hagan cargo de sus hijos.

Otra causa, que permanece más oculta que las demás, es cuando hay antecedentes de abuso transgeneracional. “Por ejemplo, una mamá que fue violada y que nunca ha querido contar. Aunque ella nunca haya hablado del tema, el niño misteriosamente puede abusar de otro niño sin que a él le haya pasado algo. Ahí el niño pone el tema en carpeta y hace que la familia lo trabaje. Los secretos familiares producen desastres”, explica Paula.

La sobre erotización de la sociedad y la falta de educación sexual también distorsiona el aparato síquico de los niños. “Tú ahora abres Google y tienes todo el material pornográfico que quieras. La educación sexual es absolutamente importante, pero en los colegios no hay programas adecuados y como es algo de lo que no se habla, la conocen a través de sus pares o de animaciones japonesas. ¿Cómo entiende un niño una culebra en la vagina de una mujer?”, se cuestiona Paula.

Por eso, en Paicabí apuntan a la responsabilidad contextual o social: que la sociedad se haga cargo por la falta de educación sexual, por la violencia y la estigmatización que recae sobre estos chicos. “Es una cobardía hacer creer que toda la responsabilidad la tiene él. Los adultos no hemos sido capaces de responsabilizarnos. No quiere decir que los niños no tengan discernimiento, pero hay que hacerse la pregunta: ¿qué te pasó en tu historia para que llegaras a hacer lo que haces si sólo tiene 16 años?”, se pregunta Paula. LND

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2 comentarios de “Niños que abusan de otros niños

  1. Clara dice:

    Saludos. Estoy muy cercana a un caso de un niño que abuso de un familiar, ese niño es ya un hombre. Ha arrastrado problemas a raíz de no comprender la sexualidad, el también fue abusado. Ha estado en centros siendo menor por drogas y conductas sexuales compulsivas, el día a día trata de ser mejor persona. Pero siento que si no se le brinda ayuda y sale del tabú no podrá nunca dejar ciertas conductas autodestructivas. Es víctima pero también verdugo. Ha crecido, pero necesita comprender que le paso cuando era niño, esta en el camino de sanar, que puedo hacer para ayudarle? Gracias y disculpen.

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