Matonaje: 83 % de los escolares no denuncian

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Matonaje: 83 % de los escolares no denuncian
Entre las razones para el silencio están la poca confianza en los adultos, que suelen minimizar el problema; y el temor a la burla.
Katerine Pavez y Sofía Vargas
17/08/2008 – 10:18

Fractura de nariz y pómulo y el lagrimal desviado. Esa fue la  consecuencia de un año de amenazas que recibió un alumno del Liceo  Lastarria por parte de uno de sus compañeros. Doce meses que  terminaron con una golpiza brutal en el patio del liceo y con el menor  en el hospital. Este nuevo caso de matonaje, conocido esta semana,  comparte muchas de las características que tienen los casos de  bullying que engrosan las listas negras de los colegios.

Una de ellas: el niño nunca avisó a sus padres. Según datos de la  Unidad de Intervención Temprana de la Universidad del Desarrollo,  obtenidos en una encuesta a cinco mil estudiantes, sólo 15% de los  escolares revela a sus padres que es víctima de agresiones y el 2% lo  cuenta en el colegio. El 83% restante calla, hasta que un hecho grave  devela la magnitud del problema.
Una de las razones para esta falta de confianza está en que los padres  no siempre saben leer las señales del bullying, no dan las respuestas  correctas o minimizan el problema. Así pasó, por ejemplo, con el menor  del Lastarria. Fueron los propios compañeros los que alertaron a los  padres de las amenazas. ¿La respuesta que dieron éstos? El niño estaba  manejando bien la situación. Tampoco los progenitores supieron leer  las pocas señales que había: el niño sólo había bajado levemente las  notas.
“Les hemos preguntado a los niños por qué no hablaron antes y sus  respuestas típicas son: ‘Lo hice, pero no me tomaron en cuenta’, o  ‘les dije, pero se burlaron o me exigieron que respondiera de forma  violenta'”, dice el sicólogo de la UDD, Felipe Lecalennier. Ante esta  actitud, los niños no confían en que un adulto pueda resolver las  cosas y optan por manejar el asunto por su cuenta. A ello se agrega la  vergüenza de saberse agredido. “Los niños sienten que su prestigio  está siendo menoscabado”, dice Alberto Trautmann, de la Clínica Alemana.
LAS SEÑALES SON POCAS
La edad en la que el matonaje alcanza su punto máximo es entre los 10  y los 13 años. Sin embargo, el fenómeno se está adelantando. Según  reconocen los expertos, si antes cuarto básico marcaba el inicio del  período conflictivo, hoy ya se ven casos en primer año e incluso entre  los preescolares (ver recuadro).
Ante esa precocidad, los expertos coinciden en que es más necesario  que los padres estén atentos a las señales, que sólo se dan en dos  períodos clave: al inicio del maltrato -cuando los niños están más  ansiosos- y al final, cuando  temen por su integridad física o tienen  depresión.
Señales que van desde cambios bruscos de ánimo a la pérdida de interés  por el contacto social y que son comunes entre hombres y mujeres, aun  cuando hay diferencias de fondo entre la agresión que sufren los niños  y niñas. Los hombres suelen ser tres a cuatro veces más violentados  físicamente. Entre ellas, se dan con mayor fuerza las palabras  hirientes. Por esta razón, es más difícil identificarla.
También está claro es que ni el agresor ni el agredido ganan. El niño  violento puede tener tantos problemas como su víctima. El joven que  golpeó a su compañero en el Lastarria fue expulsado, y sus compañeros  y profesores reconocen que era conflictivo y que estaba condicional.  El típico “matón”.
Pero, según los cercanos al caso, los padres parecían no querer hablar  del tema, aun ante la evidencia. “Estaban más preocupados de si era   efectivo el seguro escolar que del problema”, relata un cercano a la  familia.

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