Hígado graso, una alteración riesgosa y poco conocida que casi no da señales

higado-graso

El hígado juega un papel vital en el cuerpo humano. Entre otras funciones produce bilis, una sustancia necesaria para digerir las grasas. Cuando se lo sobreexige en forma repetida y en gran proporción puede aparecer un trastorno poco difundido y que casi no da síntomas: el hígado graso no alcohólico. Si bien en la mayoría de los casos se controla con dieta y ejercicios físicos, en un bajo porcentaje puede desembocar en cirrosis.

“Hay dos tipos de hígado graso no alcohólico. Puede ser el simple, también llamado esteatosis pura, que es sólo grasa, y la esteatohepatitis, cuando también hay inflamación. Este último es el que tiene chances de evolucionar a cirrosis”, explicó el gastroenterólogo Fernando Bessone.
Quienes tienen la forma menos riesgosa no suelen adquirir la esteatohepatitis, aunque “no está comprobado”, agregó el especialista.

¿Cuáles son los grupos de riesgo? Quienes tienen sindrome metabólico, aumento de los lípidos en sangre (colesterol y triglicéridos), obesidad o diabetes tipo II están más expuestos a contraer la enfermedad (estos factores de riesgo muchas veces están combinados).

“Un alto porcentaje de las personas con sindrome metabólico —asociado a sobrepeso, diabetes e hipertensión arterial— tiene hígado graso”, destacó Bessone, abocado a la hepatología.

Los que presentan estos factores de riesgo deben hacerse una ecografía de hígado y un examen de laboratorio hepático. Así se posibilitará la detección temprana del hígado graso no alcohólico y se podrá evitar la progresión de la enfermedad.

Poca difusión. La alteración está poco difundida no sólo en la población general sino también entre los médicos, aseguró el especialista. Son los endocrinólogos, los nutricionistas, los médicos clínicos y los cardiólogos los que reciben pacientes con las citadas patologías, y por ende deben estar atentos a este trastorno hepático.

Complica el descubrimiento del trastorno el hecho de que habitualmente no presenta síntomas, aunque el 40 por ciento de quienes tienen esteatohepatitis sufren de dolor en la parte derecha del abdomen y con frecuencia el estudio de laboratorio hepático muestra alteraciones.

Ante un diagnóstico de hígado graso no alcohólico suele aparecer el temor a la cirrosis. Bessone recomendó no alarmarse ante esta posibilidad porque es poco común.

“No más de un 3 a un 10 por ciento de los que tienen el tipo esteatohepatitis va a desembocar en cirrosis hepática, según estadísticas”, especificó.

¿Qué se hace ante la detección del hígado graso? En primer lugar se le indica al paciente una dieta y ejercicios físicos porque se comprobó que bajar de peso mejora la función del órgano. Una opción de tratamiento accesible y que en general da resultados positivos.

Hay algunos que no consiguen reducir el peso y mantienen el estudio de laboratorio del hígado alterado. En estos casos —agregó Bessone— se necesita una punción hepática con aguja fina para descubrir qué tipo de hígado graso tiene. Si se encuentra un hígado muy inflamado y con fibrosis, el diagnóstico será esteatohepatitis y habrá que darle medicación.

“Cuando la inflamación del hígado se transforma en fibrosis (formación de tejido duro que achica el órgano) el paciente puede desarrollar cirrosis”, explicó.

Hay drogas en investigación que han demostrado en estudios preliminares su capacidad para disminuir la fibrosis en el hígado. Y actualmente si bien no hay un fármaco específico para esta afección, se comprobó en estudios clínicos que una droga aprobada para la diabetes de nombre metformina también es útil para la reducción de la fibrosis.

Hay que reducir el peso

Quienes tienen esteatosis hepática no alcohólica deben bajar de peso por medio de un plan alimentario y realizar actividad física para evitar la progresión de la alteración.

“Un descenso de peso de apenas un 5 al 10 por ciento permite obtener resultados favorables en el paciente. Se describe una mejoría de los trastornos funcionales (reducción de los niveles elevados de enzimas o transaminasas) y de las alteraciones inflamatorias de las células hepáticas”, explicó la endocrinóloga Astrid Libman.

Recomendó evitar los dulces y las grasas, sobre todo las de origen animal, y dar preferencia a los alimentos que contienen almidón y fibras de origen vegetal. Y restringir el consumo de alcohol, además de limitar la incorporación de alimentos con fructosa (endulzante presente en gaseosas, golosinas, jugos concentrados y alimentos elaborados). Además aconsejó la relización de caminatas a paso rápido.

Hoy se acepta que el origen de la esteatosis hepática no alcohólica está en una falla en la acción de la insulina, dijo Libman. Los pacientes son menos sensibles a los efectos de la hormona insulina que regula la entrada y el consumo de la glucosa, así como la captación y el depósito de grasas en diversos tejidos. Por eso “el tratamiento apunta a mejorar el factor causal subyacente, es decir, a aumentar la sensibilidad de sus células a los efectos de la insulina”.

 http://www.lacapital.com.ar/contenidos/2008/01/16/noticia_0002.html

Impactos: 0

4 comentarios de “Hígado graso, una alteración riesgosa y poco conocida que casi no da señales

  1. luz dice:

    TENGO HIGADO GRASO, GASTRITIS CON H.PYLORI Y COLON IRRITABLE. NO SOY OBESA PUES TENGO 163mtrs Y PESO 58kilos. POR FAFOR ORIENTEMEN CON UNA BUENA DIETA PARA SALIR DE ESTA SITUACION. TENGO 53AÑOS. GRACIAS POR SU ATENCION. ESPERO SU RESPUESTA LO MAS PRONTO POSIBLE.

Deja una respuesta