Hacia una justicia de género

Por Carolina Carrera

Las estadísticas de la Encuesta Nacional de Mujeres que cada año  realiza la Corporación Humanas revelan que 66% de las chilenas  perciben situaciones de discriminación en su hogar.
Por primera vez en nuestra historia, las mujeres que trabajan o buscan  empleo igualan a las dueñas de casa, gracias al inusitado salto en la  incorporación femenina a la fuerza de trabajo, que sólo en el segundo  trimestre de este año avanzó un cuarto del alza acumulada en la última 
década. La inflación tiene su cuota de responsabilidad en este  fenómeno, pero ningún economista serio se atreve a negar la injerencia  de las políticas de protección social impulsadas por el Gobierno en  favor de la infancia y de las mujeres.
Dentro de un año comenzará a regir el bono por hijos nacidos vivos,  que nutrirá las castigadas cuentas de capitalización previsional de  las madres chilenas y, en forma paralela, avanza en el Congreso un  proyecto de ley que pretende reducir la brecha salarial entre  trabajadores y trabajadoras. Asimismo, el Gobierno ha anunciado que el  prometido subsidio a los salarios más bajos -propuesto por el Consejo  de Equidad- tendrá una aplicación gradual, que partirá beneficiando a  las mujeres y a los jóvenes.
El impacto de estas medidas trasciende al ámbito monetario y revela  que la igualdad entre hombres y mujeres se ha convertido en un  componente obligado de las políticas sociales. La jerarquía que ha ido  ganando la justicia de género en distintos ámbitos de las políticas  públicas revela un amplio consenso nacional en torno a la necesidad de  superar el conjunto de brechas presentes en la cotidianeidad de las  mujeres.
Todo indica que vamos bien encaminados, salvo porque la distribución  del trabajo doméstico y la crianza de los hijos sigue delegando el  peso casi privativo en las mujeres. Tenemos mayores posibilidades de  empleo, disponemos de más y mejores salas cuna para dejar a nuestros  niños y nos prometen una remuneración más justa en el futuro cercano;  pero en la mayoría de los casos, cuando termina la jornada laboral  remunerada, recién comienzan esas otras labores invisibles que  prolongan el esfuerzo de las mujeres más allá de los límites de la  equidad.
Las estadísticas de la Encuesta Nacional de Mujeres que cada año  realiza la Corporación Humanas revelan que el 66% de las chilenas  perciben situaciones de discriminación en su hogar. La cifra se agrava  en un contexto de severo malestar, con 89% de mujeres que dicen sufrir  la discriminación en diversos ámbitos como el trabajo ( 98%), la  libertad sexual (80%), la justicia (77%), la política (70%) y los  medios de comunicación (68%).
Si ya no es posible ignorar la baja tasa de participación femenina en  el mercado laboral, la inexplicable brecha salarial entre ellas y los  hombres y su consiguiente castigo a la cuenta de ahorro provisional de  las mujeres, tampoco debiera soslayarse el costo que recae sobre las  mujeres por el retraso cultural que le delega una odiosa exclusividad  en las tareas domésticas.

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