Guantánamo – Depresión, insomnio, soledad

20 de julio (Guantánamo/ ABC.es ) – Conocí a Candace Gorman, una abogada de Chicago que actualmente vive en La Haya, Holanda, en la avioneta que nos llevó a la cárcel estadounidense de Guantánamo, situada en el extremo sureste de Cuba. Gorman viajaba a la base para reunirse con uno de los dos prisioneros que representa gratuitamente, el libanés Abdul al-Ghizzawi. La abogada estaba muy preocupada porqué el estado de salud de su cliente ha empeorado en los últimos meses y si bien los médicos de la base han reconocido que el recluso padece hepatitis B, éste no ha sido trasladado al hospital. Gorman me explicó que los últimos relatos de su cliente son incoherentes y que su pérdida de memoria va en aumento. Desde hace meses la abogada lucha para que un prestigioso especialista en enfermedades del hígado de Suiza examine al prisionero.

Gorman no es la única abogada que tiene este problema. «Una de las muchas dificultades que tenemos es la imposibilidad de acceder a exámenes médicos independientes que puedan confirmar, ampliar o contradecir la versión de los responsables médicos de la cárcel», corrobora Shane Kadidal, uno de los abogados del Centro para Derechos Constitucionales de Nueva York. El Centro coordina una red de abogados que representa a la mayoría de los prisioneros de Guantánamo. Kadidal está seguro de que los casos de depresión clínica superan las cifras oficiales y que «han ido a más» desde que muchos reclusos han sido trasladados a las nuevas cárceles de máxima seguridad (conocidas como campamentos V y VI): «El impacto psicológico del aislamiento es devastador, especialmente para los reclusos del campamento VI, que no pueden comunicarse con nadie; en el campamento V las celdas dan a un espacio central circular y se ven unos a otros».

Su opinión contrasta con la versión oficial del personal médico de la base. En estos momentos, según los dos doctores que entrevisté en el hospital de Guantánamo, «el porcentaje de depresión es inferior al de cualquier prisión de máxima seguridad de Estados Unidos y probablemente parecido al de la población estadounidense». Aseguran que «en ningún caso llega al 30%». Afirman que los problemas de salud más frecuentes son casos de gastroenteritis, hipertensión y colesterol. Reconocen tener pacientes con depresión, dos pacientes psicóticos y siete pacientes en huelga de hambre (el más veterano ya ha superado los 900 días sin comer y recibe diariamente alimentación forzosa, al igual que otro compañero que ha sobrepasado los 800 días). Durante la visita guiada por el hospital le pregunté al médico que me recibió por que creía que dos prisioneros se habían negado a comer durante tres años. «Se han dado cuenta de que aún pueden controlar su cuerpo», me respondió. Varios psiquiatras consultados para este reportaje han indicado que esta es, en efecto, una excelente respuesta.

Para la doctora Kate Porterfield, una de las psiquiatras que trabaja en el Bellevue Hospital, el mayor hospital público de Estados Unidos, «incluso el porcentaje del 30% sería sorprendentemente bajo teniendo en cuenta que se trata de personas que se sienten atrapadas y que algunas han pasado seis años en una cárcel fuera del sistema». Porterfield es una de las psiquiatras de un programa impulsado el hospital para ayudar a supervivientes de torturas que llegan a Nueva York procedentes de todo el mundo. Desde su creación en 1995 el programa ha tratado a más de 2.000 personas de 80 países. Nunca pensaron que tendrían que lidiar con personas que clamaban haber sido maltratadas por Estados Unidos. Desde la creación de la cárcel de Guantánamo los médicos del Bellevue han colaborado con los abogados del Centro para los Derechos Constitucionales y han impartido cursos de preparación psicológica para los más de 300 abogados con clientes en Guantánamo. «Les describimos de una forma muy realista las barreras que tendrán que romper en sus primeras reuniones con sus clientes, algunos muy enfadados y sin ganas de hablar con un abogado estadounidense y otros extremadamente pasivos», me explica Porterfield: «Compartimos con ellos algunas estrategias para superar este rechazo». Según la psiquiatra es frecuente que los relatos de los prisioneros sean incoherentes: «No están mintiendo; las lagunas mentales y la incoherencia son típicas de personas traumatizadas». Portefield indica que los prisioneros de Guantánamo están aún en la fase de trauma: «La persona que todavía está inmersa en la situación traumática tiene muchas dificultades para hablar de ello».

Este parece ser el caso del cliente de Candace Gorman. Una semana después de conocernos en la avioneta, la abogada me mandó un correo electrónico en el que lamentaba el empeoramiento del estado de salud de su cliente y me explicaba, muy preocupada, que éste tenía «dificultades para hablar y para recordar conversaciones y ni siquiera puede terminar frases».

Prisioneros de los prisioneros

Antes de mi viaje a Guantánamo el doctor Asher Aladjem, profesor de psiquiatría de la Universidad de Nueva York y uno de los responsables del Programa para supervivientes de torturas, me había indicado que era muy probable que los soldados, especialmente los guardianes de los prisioneros, sufrieran un estrés muy característico en personas que se convierten en «prisioneros de los prisioneros». En la cárcel pude hablar con dos guardianes, que indicaron que si bien su trabajo conlleva dosis de tensión -algunos prisioneros los atacan con «cócteles líquidos de orina y excrementos»- no creen sufrir más estrés o ansiedad que antes.

Sí han aumentado los casos de insomnio entre el personal de la base. Cuatro años atrás, el comedor de los soldados tenía carteles con información sobre alimentos y calorías. En estos momentos, todas las mesas del amplio comedor tienen un cartel-menú con el siguiente enunciado: «¿Problemas de insomnio? Algunos trucos para dormir: haz ejercicio a diario pero nunca dentro de las cuatro horas antes de acostarte; acuéstate y levántate siempre a la misma hora; prescinde de la cafeína y de la nicotina dentro de las dos-tres horas antes de acostarte; no comas o bebas en exceso antes de acostarte; evita las siestas; intenta que tu dormitorio esté ventilado, oscuro y silencioso; no te tumbes en la cama si no estás cansado, y haz alguna actividad que te ayude a conciliar el sueño como leer, estar sentado en una habitación a oscuras y escuchar música relajante». Este cartel es una iniciativa de una unidad, situada cerca de las oficinas del capellán militar, que tiene por objetivo mitigar el estrés de los soldados. Una psicóloga militar me cuenta que organizan terapias individuales y de grupo, visitas periódicas a la cárcel, así como visitas nocturnas, para hablar con los guardianes y distribuir objetos anti-estrés como «pelotas de goma, bolígrafos con luz y llaveros divertidos» que les hagan compañía en sus largas guardias.

Por: Emma Reverter

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