Temen aumento de trabajo infantil por crisis económica

Por Nancy Arancibia / La Nación
La crisis afectará a los niños de países emergentes, donde muchas familias cayeron en la pobreza y se vieron obligadas a enviarlos a trabajar, advirtió ayer la OIT. En Chile, en tanto, la Unicef y la Vicaría de la Pastoral Social presentaron estudio y llamaron a no olvidar que el fenómeno existe y debe ser abordado estructuralmente.
Son 196 mil niños los que trabajan para el mercado en Chile, de los cuales 107 mil lo hacen en condiciones inaceptables (dejan la escuela, trabajan en la calle y en jornadas extensas o nocturnas), según indica el único estudio global sobre el tema que realizó la Organización Internacional del Trabajo (OIT), el ministerio del ramo y el INE en 2003.
No quieren, pero deben hacerlo. Es más, cada día se suman otros, en Chile y el mundo, debido a la actual crisis, según alertó ayer la OIT.
La mayoría proviene de familias pobres y vulnerables, cuyos ingresos no alcanzan para cubrir las necesidades mínimas familiares ni menos para romper el círculo de la pobreza. Tienen nombres: Jesús (12) o Marisella (11) y también sueños: seguir estudiando o ayudar a su madre para tener qué comer.
Lo hacen en almacenes, centros comerciales, ferias libres, en la calle o en comercio ambulante. Otros están en peor situación: realizan trabajos forzados, esclavos o son explotados sexualmente. Según el registro de Peores Formas de Trabajo Infantil (PFTI) del Servicio Nacional de Menores, desde 2003 a la fecha, 2.906 niños han laborado en PFTI y durante este año ya van 167 casos.
Estructura de la exclusión
“Mi papá había quedado sin trabajo y yo vi a mi mamá que estaba urgida por la plata pa? la comida, entonces un día salí a trabajar”, dice Jesús, de 12 años, uno de los 10 mil pequeños que han formado parte del Programa de Apoyo y Acogida de Niños, Niñas y Adolescentes Trabajadores de la Vicaría de la Pastoral Social, en estos últimos 13 años. El programa ha contribuido a la erradicación progresiva de un 4,6% de ellos y ha disminuido las horas de trabajo en un 10,8%, buscando mejores condiciones de vida, por medio de aumentar la escolarización, involucramiento de la familia, la escuela y las redes de apoyo.
No son los únicos. El gobierno tiene desde 2003 un programa intersectorial especial para tratar la materia -que ha registrado notables avances- y que pretende erradicar el trabajo infantil para el bicentenario (ver recuadro).
Sin embargo, un estudio dado a conocer ayer por la Unicef y la Vicaría sobre las razones y sueños de los niños que trabajan, alerta sobre la necesidad de realizar un nuevo estudio que actualice las cifras de hace seis años, medir el impacto de la actual crisis en este ámbito y no olvidar que es “un problema estructural” y que debe ser abordado como tal, según dijo el vicario Rodrigo Tupper.
¿Por qué trabaja un niño?, “Pa? salir adelante…. No hay plata ni pa? comer a veces”, contesta Jonathan, de 14 años y Lucía (11 años) agrega, “porque me siento mal cuando mis padres no tienen cómo sacar plata para ellos”. ¿De quién es la responsabilidad que lo sigan haciendo? “De la sociedad”, responde el padre Tupper, “porque ha generado una estructura de exclusión sobre exclusión. A pesar del crecimiento hay personas que lo siguen pasando muy mal. Hay un problema de estructura de sociedad que construimos, que muchas veces sigue vulnerando los derechos de los más pobres y dentro de ellos los derechos de los niños”, dice.
Loreto Rebolledo, asistente social y directora del programa de la Vicaría, agrega que si bien han logrado frenar la deserción escolar en básica, en media varios abandonan el colegio. “También tiene que ver la calidad de la educación, la poca motivación que tienen, con que sus colegios son feos y con la mala relación que tienen con sus profesores”, sostiene.
Según lo que Rebolledo ha visto en terreno, el trabajo infantil ha aumentado en estos meses de crisis económica. Los especialistas lo saben: el aumento del trabajo infantil es directamente proporcional al incremento del desempleo. Pero no hay datos que lo confirmen. El último estudio se realizó el 2003 y se esperaba este año iniciar otro, pero la crisis hizo priorizar los recursos en contener el desempleo de los padres de sectores vulnerables y afinar programas de apoyo que existen para que estos niños no deserten del sistema escolar: el principal factor protector para ellos.
Ximena Larraín, coordinadora nacional de prevención y erradicación del
trabajo infantil del Ministerio del Trabajo, si bien admite la
necesidad de otra encuesta que certifique los avances en la materia,
asegura que todos los indicadores de que disponen -de organismos
competentes con los que trabajan en conjunto- coinciden en que el
trabajo infantil en nuestro país ha disminuido sustancialmente y que
seremos los primeros en Latinoamérica en erradicarlo.
“La encuesta Casen de 2006 indica que 15. 414 niños desertaron del
colegio para trabajar, representando un 13,9% de las causas de
abandono escolar. No es una cifra completa, pero es un indicador”,
dice y agrega que en 2003 no existía ninguno de los programas de apoyo
que hoy operan como la especialización de la Junaeb, los convenios con
empresarios y la CUT, la red social, el sistema de registro de las
peores formas de trabajo infantil, los cambios legislativos ni las
múltiples campañas de sensibilización.
Para Tupper, sin embargo, y al margen del valioso trabajo que se ha
hecho en la materia, es importante atacar el problema buscando una
“inclusión estructural, que tiene que ver con un modelo de
intervención global de la pobreza. Eso significa que al mismo tiempo
que se hace un programa de vivienda, éste contenga planes de
educación, de protección de salud, de empleo, de transporte”, dice.

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