La guerra invisible de Colombia

Cuatro millones de colombianos han abandonado sus casas por la violencia de las FARC y los paramilitares. Tras 40 años de conflicto, cerca de cuatro millones de colombianos, la mayoría campesinos, han tenido que abandonar sus casas ante el riesgo de que los grupos paramilitares o las FARC les ataquen.

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Lamentablemente, el conflicto sigue golpeando a las víctimas civiles en uno de los países del mundo con más refugiados políticos, según denuncian constantemente las asociaciones humanitarias.

Algunos de ellos son nuevos como refugiados y confían en que su condición es transitoria. Otros, en cambio, llevan ya demasiados años y han perdido la esperanza de una vida confortable. Muchas familias colombianas han nacido en una tienda de campaña.

El dolor de todas estas personas empieza siempre en su propia tierra. Antes de emprender su marcha, muchos de ellos han sufrido amenazas, han visto morir a sus familiares, han sufrido violaciones o han recibido cuchilladas e incluso tiros.

Después de más de 40 años de guerra, lejos de encontrar un camino de paz, el conflicto colombiano se está recrudeciendo y las víctimas aumentan cada año.

Los refugiados de esta guerra, que enfrenta a los grupos paramilitares con la guerrilla de las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia), se amontonan en las grandes ciudades, como Bogotá o Medellín, a la espera de recibir ayudas del gobierno. Pero éstas no llegan. Las víctimas, que parecen invisibles, sufren una espera tan dolorosa como humillante.

La mayoría de los desplazados tenían en sus pueblos campos de cultivo, ganadería o un trabajo digno. Algunos eran campesinos ricos. Ahora viven en la absoluta pobreza, en cualquier calle de una gran ciudad y con graves heridas físicas y psicológicas.

Hace cuatro meses, un grupo de desplazados decidió acampar en el céntrico Parque del Tercer Milenio de Bogotá para hacer más visible su situación. El campamento improvisado está a un centenar de metros de la céntrica Plaza de Bolívar, donde se encuentra el Capitolio Nacional, que es donde se reúne el gobierno. El objetivo de esta acción es presionar a los políticos para que solucionen su situación pero, por ahora, han conseguido poco o nada.

Actualmente hay 1.700 familias acampadas en la plaza de Bolívar, que suman unas 5.000 personas. Todas son víctimas de la guerra pero no tienen esperanza de que llegue la paz. Ni tan siquiera confían en regresar algún día a sus tierras. Reclaman una vivienda. En su huída dejaron atrás todo lo que tenían.

Uno de ellos es Jairo Martínez Moreno, de 39 años. Su caso es especialmente representativo porqué ha sufrido ataques de los paramilitares y de las FARC. Su familia tenía tierras en Atrato, Chocó (en la costa del Pacífico) en una zona controlada por los grupos paramilitares.

Hace 12 años, escapando de una serpiente, Jairo pisó una mina antipersona de los paramilitares y perdió una pierna. Paralelamente, su familia sufrió un ataque de las FARC en su casa ya que pensaban que colaboraban con los paramilitares. Él se salvó pero tuvo que huir: “Se llevaron a tres de mis hermanos. Y no se los llevaron para trabajar, sino para matarlos”, dice Jairo.

Uno de los vecinos de campamento de Jairo es Carlos Yaleiso Rivas, de 36 años. La guerrilla de las FARC quería reclutarle para convertirle en un soldado, pero él se opuso “por dignidad”, según explica. Lo encerraron en una especie de jaula, en un campamento que tenían los guerrilleros en medio de la selva.

Carlos aprovechó un despiste de sus vigilantes para escapar corriendo. Logró su objetivo pero se llevó un machetazo en la cara en su huida. “Al principio pensé que era un puñetazo pero luego vi que estaba sangrando”, recuerda. Logró escapar y está feliz de seguir con vida, a pesar de que perdió todo lo que tenía. Ahora malvive en Bogotá y busca trabajo de cualquier cosa para intentar salir de la miseria.

Como muchos otros, Carlos sólo accede a hablar con periodistas si es dentro de su tienda, ya que está convencido de que tanto los paramilitares como las FARC tienen infiltrados entre los desplazados del campamento.

También sindicalistas
Además de los desplazados, en Colombia, los sindicalistas y los miembros de las ONG también tienen miedo, especialmente de los grupos paramilitares y de los militares del Estado.

Nancy Fiallo, que ha sido miembro de numerosas entidades a favor de los derechos humanos en Colombia recordó que “existen más de 1.300 falsos positivos” en el país, que es el eufemismo con el que se conocen a las personas asesinadas por el Ejército a pesar de que no tenían nada que ver con las FARC.

Estas víctimas sólo sirven para aumentar y falsear las cifras del Ejército en la lucha contra los guerrilleros. Además, nueve de cada diez sindicalistas asesinados en el mundo son colombianos. Según Fiallo, en sólo cuatro meses, los defensores de los Derechos Humanos de Colombia han sufrido 15 ataques.

Las víctimas están empezando a alzar la voz desde el Movimiento de Víctimas de Crímenes de Estado (Movice) que quiere terminar con la indefensión de la sociedad civil.

Las entidades que denuncian las constantes violaciones de los derechos humanos en Colombia, como Amnistía Internacional, critican el apoyo internacional que recibe Uribe. El presidente Uribe acaba de cerrar un acuerdo con los Estados Unidos, para permitirles que utilicen sus bases aéreas

Fuente: La Vanguardia

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