“Éxito es cuando se encuentra la oportunidad con la preparación”

 Por Juan M. Victorio

El presidente N. Eldon Tanner, nos dio este inspirado consejo: “Nada brindará mayor gozo y éxito que vivir de acuerdo con las enseñanzas del Evangelio. Sean un ejemplo; sean una influencia para bien… cada uno de nosotros ha sido preordenado para llevar a cabo alguna obra como siervo escogido de Dios. Siempre tengan presente que la gente espera dirección de ustedes y que están influyendo en la vida de las personas para bien o para mal, influencia que se sentirá a través de las generaciones que están por venir”

Es nuestro deber vivir de tal manera que seamos ejemplos de rectitud para los demás. El profeta Brigham Young dijo: “Nunca debemos hacer nada que no queramos ver que nuestros hijos hagan. Debemos ponerles un ejemplo que deseamos que imiten”.

En la sección 107 de Doctrina y Convenios, el “aprender” nos motiva a “hacer”; leemos: “Por tanto, aprenda todo varón su deber, así como a obrar con toda diligencia en el oficio al cual fuere nombrado”. (D. y C. 107:99) “Por lo tanto, ¿qué clase de hombres habéis de ser? En verdad os digo, aun como yo soy”. (3 Nefi 27:27)

Tomemos la determinación de prepararnos para nuestro momento de oportunidad. En una ocasión escucha una frase que decía: “Éxito es cuando se encuentra la oportunidad con la preparación”, no tenemos nada a que temer si nos hayamos preparados.

Todos los que vivimos en el mundo de hoy necesitamos puntos de referencia, o sea, modelos que debemos seguir. Es por ello que desde el principio del tiempo  nuestro Padre Celestial ha preparado a grandes hombre y mujeres de quienes nosotros podamos aprender e imitar.

Juan el Bautista nos proporciona un ejemplo perfecto de verdadera humildad, ya que él siempre se sometió a Aquel que habría de seguirle: el Salvador de la humanidad.

El mensaje de Juan era breve; predicaba en cuanto a la fe, el arrepentimiento, el bautismo por inmersión y el otorgamiento del Espíritu Santo por medio de una autoridad superior a la que él poseía. “Yo no soy el Cristo”, declaró a sus fieles discípulos, “sino que soy enviado delante de él” (Juan 3:28). “Yo a la verdad os bautizo en agua; pero viene uno más poderoso que yo. . . él os bautizará en Espíritu Santo y fuego” (Lucas 3:16). Jesús testificó: “Entre los que nacen de mujer no se ha levantado otro mayor que Juan el Bautista”. (Mateo 11:11)

Encontramos en la Biblia el relato de Abraham e Isaac. ¿Se imaginan el tormento de Abraham mientras juntaba la leña para el fuego y emprendía la jornada al lugar señalado? No hay duda del dolor que le habrá agobiado el cuerpo y torturado la mente al atar a Isaac, ponerlo sobre el altar y estirar el brazo para tomar el cuchillo con el que mataría a su hijo. Pero así también el consuelo que recibió en su corazón al escuchar: “No extiendas tu mano sobre el muchacho, ni le hagas nada; porque ya conozco que temes a Dios, por cuanto no me rehusaste tu hijo, tu único”. (Gen. 22:9–10, 12) Abraham reúne los requisitos como modelo de obediencia intachable.

Job era un “hombre perfecto y recto temeroso de Dios y apartado del mal”. (Job 1:1) Job, hombre piadoso y próspero, habría de enfrentar una prueba que habría destruido a cualquiera. Le fue dicho: “Maldice a Dios, y muérete”. (Job 2:9) Resistió esa tentación, y desde lo profundo de su alma noble, declaró: “Mas he aquí que en los cielos está mi testigo, y mi testimonio en las alturas”. (Job 16:19) “Yo sé que mi Redentor vive” (Job 19:25).

Job se convirtió  en el modelo de paciencia sin límite. Hasta hoy en día decimos que los que han sufrido mucho tienen “la paciencia de Job”

Noé. Habiendo sido ordenado al sacerdocio a temprana edad, “se convirtió  en predicador de la rectitud y declaró el Evangelio de Jesucristo, enseñando fe, arrepentimiento, bautismo y la recepción del Espíritu Santo”.

Noé  obedeció el mandato de Dios de construir un arca para que él y su familia se librasen de la destrucción. ¡Qué absurdo parecía construir un arca en tierra seca, cuando el sol brillaba en todo su esplendor y la vida transcurría normalmente! Pero el tiempo de gracia se acabó. Vino el diluvio y los desobedientes se ahogaron. El milagro del arca fue producto de la fe que se manifestó al construirla”.

Un modelo de la mujer ideal es Rut. Las palabras: “No me ruegues que te deje, y me aparte de ti; porque a dondequiera que tú fueres, iré yo, y dondequiera que vivieres, viviré. Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios” (Rut 1:16) muestra su fidelidad. Los actos de Rut manifestaron la sinceridad de sus palabras. Mediante la firme lealtad de Rut hacia Noemí, ella se habría de casar con Booz, llegó a ser bisabuela de David y, por ende, un antepasado de nuestro Salvador Jesucristo.

Nefi, hijo de Lehi y Saríah. Él era fiel y obediente a Dios, valiente y audaz. Cuando se le dio la difícil tarea de obtener las planchas de bronce de Labán, no murmuró, sino que declaró: “Iré y haré lo que el Señor ha mandado, porque sé que él nunca da mandamientos a los hijos de los hombres sin prepararles la vía para que cumplan lo que les ha mandado” (1 Nefi 3:7). Nefi fue ejemplo de constante determinación.

José  Smith, el primer profeta de esta dispensación. José fue objeto de implacable persecución al dar a conocer a otras personas el relato de la gloriosa visión que había recibido en esa arboleda. No obstante, a pesar de que se le ridiculizó y menospreció, permaneció firme. Él dijo: “. . .había visto una visión; yo lo sabía, y sabía que Dios lo sabía; y no podía negarlo, ni osaría hacerlo” (JSH 1:25). En todo lo que hizo demostró su valor. Hacia el fin de su vida, cuando él y su hermano Hyrum eran llevados a la cárcel de Carthage, con valor enfrentó lo que indudablemente sabía que le esperaba, y selló su testimonio con su sangre. El profeta José Smith nos enseñó el principio de la fe, la honradez,  la paciencia,  la diligencia,   la importancia de la obra misional  y el amor mediante el ejemplo.

El llamado profético a través de las edades ha sido “Venid a Cristo, y perfeccionaos en él” (Moroni 10:32; véase también Mateo 5:48; Juan 10:10; 14:6)

Siempre tengamos la guía del Ejemplo supremo, Nacido en un establo, acunado en un pesebre, descendió de los cielos para vivir en la tierra como hombre mortal y establecer el Reino de Dios. Durante Su ministerio terrenal, Él enseñó a los hombres una ley mayor. Su glorioso Evangelio reformó las ideas del mundo. Bendijo a los enfermos, hizo que el cojo caminara, que el ciego viera y que el sordo oyera. Aun resucitó a los muertos. ¿Y cómo reaccionó el mundo ante Su mensaje de misericordia, Sus palabras de sabiduría, Sus lecciones sobre la vida? Hubo unas cuantas almas preciosas que lo apreciaron, le lavaron los pies, aprendieron Su palabra y siguieron Su ejemplo. Hubo muchos que lo rechazaron. Lo ridiculizaron, le dieron a beber vinagre, lo injuriaron, lo golpearon con una caña, le escupieron y lo crucificaron. Jesús volvió la espalda a los engaños de Satanás; y al deber que le asignó Su Padre dio la cara, entregó Su corazón y dio Su vida. Jesús trabajó; Jesús amó; Jesús prestó servicio; Jesús testificó. ¿Qué mejor ejemplo podríamos esforzarnos por imitar?

El mensaje de Jesús ha sido el mismo. A Pedro y a Andrés, a orillas del hermoso mar de Galilea, Él dijo: “Venid en pos de mí”(Mateo 4:19). A Felipe de antaño dio el llamado: “Sígueme”(Juan 1:43). Al levita que estaba sentado al banco de los tributos públicos se le instruyó: “Sígueme”(Lucas 5:27). Y a ustedes y a mí, si tan sólo escuchamos, nos llegará esa misma invitación: “Venid en pos de mí”.

Si seguimos el ejemplo de ellos, nosotros también seremos igualmente bendecidos en nuestros días y época.

Nosotros, podemos marcar la diferencia. Como hijos dignos de nuestro Padre Celestial nuestras oportunidades son ilimitadas. Tenemos la tarea de ser ejemplos apropiados.

Si nos encontramos haciendo las cosas del Señor, hermanos, tenemos derecho a recibir Su ayuda… naturalmente, esa ayuda divina se basa en nuestra dignidad.

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