Balas locas: las víctimas inocentes

Revista Paula

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Balas locas: las víctimas inocentes

En poblaciones de Santiago, niños reciben balazos mientras toman la leche en su casa, chatean en un cibercafé, juegan fútbol en el pasaje o descansan en brazos de su madre. En 2008, once niños de entre 0 y 15 años murieron o fueron heridos por balas locas de delincuentes o narcotraficantes. Las víctimas han ido en aumento desde los últimos tres años. Sus familias muchas veces no hacen la denuncia por miedo a las represalias.

Por María Paz Cuevas.

Son como el Far West. Poblaciones de Santiago donde cada noche los vecinos desarmados escuchan escondidos en sus casas las balaceras entre los vecinos armados. Sectores donde ni Carabineros ni las ambulancias se atreven a entrar. Barrios donde delincuentes, soldados del narcotráfico y choros andan armados y arreglan sus problemas a tiros. En estas calles caen niños que están por casualidad en la línea de fuego. Desde los últimos tres años, las víctimas han aumentado. Así lo ha visto el doctor Héctor Moya, jefe de Traumatología del Hospital de Niños Roberto del Río y el único médico chileno que hasta ahora ha hecho una investigación sobre el manejo intrahospitalario de niños heridos a bala: ?Desde los últimos cinco años, pero con mayor frecuencia desde los últimos tres, hemos recibido cada vez más niños heridos con armas de fuego. No era algo a lo que estuviéramos acostumbrados. Por eso tuvimos que elaborar un protocolo de manejo para estos niños heridos. Lo que impacta es que son víctimas de problemas que nada tienen que ver con ellos?, dice.

Las cifras nacionales de la Policía de Investigaciones, la única institución que maneja ciertas estadísticas al respecto y que sólo tiene información desde 2005 en adelante, lo confirman: en 2005, dos niños menores de 15 años murieron por balas locas; en 2006 fueron cuatro, y en 2007, siete (uno de ellos en Valparaíso, el único muerto en regiones). En 2008, cinco menores perdieron la vida y seis fueron gravemente heridos en Santiago. Casi todos en comunas del sector sur.

Investigaciones explica el fenómeno, en parte, por el aumento de tenencia de armas de fuego: ?Hay más armas, porque hay más gente que las compra para defenderse y los delincuentes se las roban. Por lo general, las armas implicadas en balaceras contra niños son robadas, y es fácil y barato adquirirlas: en las poblaciones las venden a 50 mil o 30 mil pesos?, explica Álvaro Astroza, inspector de la Brigada de Homicidios de Investigaciones a cargo de los últimos tres casos más impactantes de 2008: el de Rosita Muñoz (13), baleada en Lo Espejo; Christopher Pérez (12), baleado en La Pintana, y Nelson Merino (8), baleado en Renca.

Para la justicia es difícil ubicar a los que aprietan el gatillo. ?Y, cuando dan con ellos, es complicado determinar quién fue, en el caos de una balacera, el que disparó el tiro que le dio a un niño, según explica Astroza. ?Las penas normalmente son rebajadas, porque los culpables no tenían intención de dispararle a un menor y, muchas veces, también los culpables son menores de edad?, agrega. Con frecuencia, los niños caen baleados sin culpa ni culpables.

>> > 2008: LOS QUE MURIERON <<<

Isidora Gutiérrez Sandoval, 1 año.

Fue asesinada el 6 de abril de 2008 de un tiro en ?la cabeza mientras estaba en brazos de su madre. ?El acusado de realizar el disparo está en prisión ?preventiva por el homicidio. El juicio sigue en ?curso y aún no hay sentencia.

?Déjanos entrar a la fiesta?, le ordenó en seco uno de los cuatro jóvenes a Sergio Gutiérrez, estacionado junto a su mujer, Ruth Sandoval, y la hija de ambos, Isidora, frente a una casona verde de la calle Benozzo Gozzoli, en San Joaquín. Pero Sergio sólo había ido hasta allí a buscar a un sobrino a la fiesta. Eso les explicó a los jóvenes mientras su sobrino se subía al auto. Les dijo que él no era el dueño de casa. Que nada tenía que ver con el carrete. Pero a la una de la madrugada del 6 de abril de 2008, nadie entendió razones. Los cuatro jóvenes empezaron a gritar para que los dejaran entrar a la fiesta. Asustado, Sergio encendió el motor del vehículo y aceleró. Roberto Castillo Gómez (23) sacó una pistola y disparó contra el vidrio trasero del auto. El tiro dio en el asiento del copiloto y alcanzó el cráneo de Isidora. La guagua llegó sin vida al Hospital Exequiel González Cortés. Días antes, Ruth y Sergio habían celebrado el primer cumpleaños de su hija con una fiesta familiar en su casa. En las fotos, Isidora lleva un vestido celeste de encajes.

Nelson Merino Jorquera, 8 años.

Fue asesinado el 23 de octubre de 2008 por una bala en la cabeza, en su casa, en Renca. De los cuatro hombres que supuestamente participaron en la balacera, hay dos detenidos. Están en prisión preventiva mientras dura la investigación. Aún no comienza el juicio.

Maricel Jorquera, madre de Nelson Merino, tenía 18 años y nada en los bolsillos cuando su hijo nació. Maricel vendió remedios en La Vega para darle de comer. No siempre le alcanzó para leche: muchas veces sólo pudo darle una mamadera con té. Del papá de Nelson obtuvo poca ayuda. Tuvo dos hijos después, pero Nelson era su favorito, porque era obediente, le ayudaba a hacer el aseo y paseaba a sus hermanos menores, Lucas y Andrés, por las calles del block de Renca donde vivían.
El 23 de octubre de 2008, Maricel veía las noticias de la noche en el living de su departamento junto a Angelo, su marido, y sus tres hijos, cuando Claudio Muñoz González (20) y los hermanos Víctor Hugo (31) y Cristián Arredondo (29), dispararon desde la calle quince tiros hacia la casa. Días antes, Angelo había peleado con ellos a combos. Maricel se agachó tras el mesón de la cocina, le gritó a Nelson que corriera hacia su pieza, pero el niño no alcanzó a protegerse. Una bala entró por su nuca y salió por su mejilla derecha. Una cuadra más allá, los pistoleros se alejaban caminando sin apuro con sus armas en la mano. Tres meses después, la cama de Nelson sigue cubierta con sus autitos de juguete. Cuando ya no puede más con la pena, Maricel se toma un tranquilizante para dormir. Anoche se intoxicó con dos tiras de alprazolam y en la posta tuvieron que hacerle un lavado de estómago.

Christopher Pérez Pérez, 12 años.

Murió el 30 de noviembre de 2008 de un tiro en la cabeza mientras chateaba en un cibercafé, a dos cuadras de su casa, en La Pintana. Los dos autores de los disparos, confesos y formalizados por el homicidio, están en prisión preventiva mientras dura la investigación. Aún no comienza el juicio.

Christopher Pérez era famoso en La Pintana. Le decían el Rancherito porque desde los 8 años, vestido de mariachi, cantaba rancheras en las ferias libres y en eventos comunitarios. Amaba la música mexicana que su abuelo, Eligio Pérez, con quien Christopher y sus tres hermanos se criaron, ponía siempre en la casa. El Rancherito quería grabar un CD con canciones mexicanas y ensayaba todos los días con el equipo de música que él mismo se había comprado gracias a la plata que juntaba cantando. Con ella, también había pagado sus trajes rancheros, ayudaba a sus abuelos y les compraba ropa y zapatillas a sus hermanos pequeños. Era evangélico, fanático de Colo Colo y asiduo a chatear por internet desde el cibercafé donde el 30 de noviembre, minutos antes de las 10 de la noche, recibió un tiro en la cabeza. Fuera del negocio, Jairo Yáñez Tobar (18) y un menor de 16 años disparaban contra Jimmy Salgado (15) por un ajuste de cuentas.
Antes de morir, Christopher, en brazos de la dueña del local, Andrea Parra, alcanzó a decir que sentía mucho frío. A la semana siguiente, Eligio y los tres nietos que le quedan, se mudaron a Puente Alto. ?Todavía no me puedo convencer?, dice el abuelo. Creyente, se consuela en su fe. ?A lo mejor Dios lo hizo con un propósito: quizás mi nieto se hubiera perdido en la droga o en el vandalismo, como los demás niños de aquí?.

Víctor Quezada Soto, 15 años.

Recibió un disparo en la cabeza el sábado 27 de diciembre de 2008, mientras caminaba a la casa de su polola, en la población Santa Adriana, en lo Espejo. El imputado de haberlo matado está en prisión preventiva mientras dura la investigación.

Cuando sus padres se mudaron de Lo Espejo a Puente Alto, Víctor Quezada Soto decidió quedarse junto a su abuela, María Cárdenas en la población Santa Adriana, donde él había crecido. Vivían de lo que ella juntaba vendiendo cachureos en una feria libre y dormían en un camarote en la misma pieza. Víctor era bueno para la pelota, jugaba fútbol en el club del barrio y estaba enamorado de su polola. La noche del sábado 27 de diciembre, tomó té, se bañó, se cambió de ropa y salió en bicicleta. Se juntó con dos amigos veinteañeros y partieron en grupo a buscar a la polola de Víctor para ir a una fiesta. Eran las once de la noche. Les faltaban pocas cuadras para llegar a la casa de la chica, cuando Eduardo Antonio Cepeda (25) y dos amigos, todos encapuchados, les dispararon más de cinco tiros desde un auto burdeos. Los pistoleros querían ajustar cuentas con enemigos que nada tenían que ver con los chicos que caminaban por la calle. Se confundieron. Los veinteañeros fueron heridos por las balas, pero sobrevivieron. Víctor, en cambio, llegó muerto al hospital Barros Luco por un disparo que recibió en la cabeza. En su masivo funeral sonaron canciones de reggaetón y Los caminos de la vida en versión salsa. Unos chicos dispararon tiros al aire para despedirlo y María Cárdenas les pidió respeto. ?Ojalá se acabe la violencia en esta población?, dijo de pie y entera, apoyada en los calmantes que había tomado antes de enterrar a su nieto.

Rosita Muñoz Gallardo, 13 años.

Murió el 7 de diciembre de 2008 al recibir dos balas en la cabeza en medio de un tiroteo entre bandas rivales, en Lo Espejo. Hay dos detenidos en prisión preventiva por el homicidio mientras dura la investigación. Aún no comienza el juicio.

Rosita Muñoz le encendía velas todos los días a la animita de su padre, Claudio Muñoz, asesinado a tiros en un ajuste de cuentas en septiembre de 2007 en la población Santa Adriana de Lo Espejo. La noche del domingo 7 de diciembre de 2008, Rosita salió de su casa, pasó a saludar a su abuela, Soledad Vidal, y siguió su camino. Quería prenderle velas a su padre y volver rápidamente a los blocks donde vivía, para alcanzar a comer los tomates que estaba pelando una tía mientras sus hermanas menores, Alondra y Shanaya, adornaban el árbol de Navidad. Rosita no había pedido nada para la pascua, sólo regalos para sus hermanas chicas. A las nueve de la noche, cuando estaba a punto de entrar al negocio donde siempre compraba las velas para su padre, recibió dos tiros en la cabeza. Eran balas perdidas de un ajuste de cuentas entre los hermanos Alexis Pavez Rivas (24), P.C.P.R (16) y algunos desconocidos. Rosita agonizó cinco días en la UCI del Hospital Barros Luco antes de morir. Ahora descansa en una tumba sobre la de su padre, en el Cementerio Metropolitano. Sus abuelos no saben qué harán con la beca de estudios universitarios para un nieto que organizaciones de derechos humanos les dieron hace tiempo y que ellos habían determinado, por su promedio de 6,5 hacia arriba, que Rosita ocuparía para convertirse en médico.

>>> 2008: LOS QUE SOBREVIVIERON <<<

Jorge Antonio Leiva, 3 años.
Fue baleado en el pecho el 2 de marzo de 2008 en la casa de su padre, en La Florida, en un tiroteo por ajuste de cuentas. Aún no hay detenidos ni proceso judicial.

Danae Leyton, 1 año.
Recibió un tiro en el estómago el 10 de abril de 2008, en San Bernardo. El sospechoso de realizar los disparos se entregó a la justicia y está acusado por doble homicidio frustrado. El juicio está en curso, pero aún no hay sentencia.

Sebastián Díaz Llaicao, 14 años.
Fue baleado el 7 de septiembre de 2008 en las piernas y el pecho mientras jugaba en el pasaje de su casa, en Maipú. El supuesto autor de los disparos está detenido, pero por una causa anterior. No hay proceso ni sentencia por este delito.

Óscar Saldaña Fernández, 13 años.
Fue herido a bala en la cabeza el 28 de octubre de 2008, en Cerro Navia. Los presuntos autores de los disparos están en libertad provisional y siguen siendo vecinos de Óscar. El proceso parte a mediados de enero.

Joaquín Valenzuela, 2 años.
Una bala que disparó un vecino le rozó la cabeza el 2 de diciembre de 2008. El presunto autor del disparo está prófugo. No hay proceso ni sentencia.

Heissel Manríquez, 13 años.
Fue herida en diciembre de 2008, en Colina, por una bala que le entró por el ojo izquierdo y salió por su cráneo. La policía busca a los autores de los disparos. Aún no hay proceso judicial.

Alejandra Mujica
Coordinadora de Información Pública
Amnistía Internacional  – Chile
Entérate, indígnate, actúa
www.amnistia.cl

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