Igualdad de género a nivel global: ¿La retórica supera a la realidad?

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3 de octubre de 2007

Igualdad de género a nivel global: ¿La retórica supera a la realidad?

Una de las tareas más importantes que realiza Naciones Unidos en el siglo XXI son las misiones de paz. Dada la agresividad con que dicho organismo aborda en su agenda las cuestiones de igualdad de género, alguien podría instintivamente pensar que en la ONU las mujeres juegan un papel destacado en su ambicioso objetivo de mantener la paz.

Sin embargo, tal y como comenta de Rachael Mayanja, asesora especial del Secretario General de la ONU para cuestiones de género, quien así piense está equivocado. Ninguna de las 18 misiones mundiales de paz de la ONU está
en la actualidad dirigida por una mujer.

Mayanja, que participó en la conferencia anual de 2007 de la
Association for Human Resources Management in International Organizations (AHRMIO), celebrada en Wharton durante el pasado mes de septiembre, contaba los desaires que había sufrido cuando se entrevistó con diversos responsables de la toma de decisiones en la ONU para conseguir nombrar a una mujer. Sus palabras fueron que
“los directores de las misiones de paz deben tener experiencia gestionando grupos grandes de personas, y no deberías con tus sugerencias modificar a la baja dichos estándares”.

No obstante, cuando fue nombrado el siguiente director de un equipo de paz, se trataba de otro hombre sin experiencia previa en la gestión de una gran organización. “¿Es posible que estén aplicando estos criterios únicamente a las mujeres?” preguntó Mayanja a la audiencia, compuesta en su mayoría por profesionales en recursos humanos.

A pesar del suave acento ugandés y su subestimado y mordaz sentido del humor, la presentación de Mayanja sonaba en cierto modo a reproche. Expuso datos ante su audiencia, datos de que durante tres décadas luchando por la igualdad de género, los expertos en recursos humanos han proporcionado las herramientas para promover que más mujeres lleguen a posiciones de poder, pero sin embargo apenas los utilizan. “¿Qué harán cuando todas las mujeres se levanten y
griten que ya es hora de cambiar las cosas en recursos humanos?” preguntaba. “En mi opinión, es hora de que la gestión de recursos humanos se autoevalúe y haga algo para asegurar que la igualdad entre géneros se convierta en realidad”.

Denunciante público Mayanja sabe unas cuantas cosas por experiencia propia sobre vencer obstáculos. Nacida en Uganda, asistió a la Makarere University de dicho país y
luego realizó un master en Derecho en la Universidad de Harvard mientras sacaba adelante a tres hijos. Gran parte de su carrera la ha desarrollado en la ONU, incluyendo algunos periodos en los procesos de paz en Namibia (1989-90)
o en Irak y Kuwait (1992-94). Asimismo ha trabajado en temas de recursos humanos, dirigiendo la oficina de recursos humanos de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO).

En agosto de 2004, el ex-secretario de la ONU, Kofi Annan, nombraba a Mayanja asesora especial para cuestiones de género y en su presentación incluía una enorme cartera que incluía los grandes esfuerzos de la ONU para poner fin a la
discriminación y la violencia hacia las mujeres, en especial en las naciones más conflictivas y pobres del mundo.

No obstante, Mayanja también ha utilizado su alto puesto para luchar por introducir reformas dentro de la propia ONU, incluyendo la igualdad de género a la hora de nombrar directores para gestionar los principales programas
globales. La presentación que Mayanja hacía en Wharton se titulaba “Gender Balance: Rhetoric or Reality” (“Equilibro entre géneros: Retórica o realidad”) y su mensaje a la AHRMIO –una organización de expertos en recursos
humanos de más de 55 organizaciones de la ONU y de ONGs-, dejaba muy claro que creía que la retórica seguía estando por delante de la realidad. “En recursos humanos nos hemos vuelto tan impotentes que tal vez necesitemos un bote de
Viagra… No se si hay aquí gente del ámbito farmacéutico para así poder recuperar el terreno perdido”, decía mientras soltaba una carcajada.

La falta de progresos dentro de la propia ONU es desconcertante, añadía Mayanja, ya que claramente contradice su política oficial, que ha sido subrayada una y otra vez. De hecho, Naciones Unidas ha aprobado unas 44 resoluciones en estos años para apoyar la igualdad de géneros entre los trabajadores.

A pesar de estas frecuentes resoluciones, un consultor externo
contratado hallaba que sólo el 39% de los puestos profesionales dentro de la ONU estaban ocupados por mujeres, porcentaje que apenas llegaba al 26% en caso de
puestos de gestión. Según Mayanja, la situación es similar en las diferentes agencias de la ONU (41,6% de puestos profesionales y 29% de puestos de gestión). Sólo 18
de los 192 representantes permanentes de la ONU de todas las naciones del mundo son mujeres.

Los problemas en la ONU son ligeramente diferentes a los del sector privado, donde sólo 2 de las 100 empresas más importantes (según su valor de mercado), tienen una mujer como consejero delegado. Mayanja no ocultó en ningún
momento su frustración al intentar realizar cambios en la ONU, a pesar de contar con el apoyo total de su jefe, el secretario general. “Sí, soy un denunciante, pero no me escondo”, decía Mayanja. “Soy un denunciante público, y si denuncio alguna situación informo sobre los hechos, nunca informo de algo sobre lo que no tengo datos; soy justa y ese es mi trabajo”.

Mayor papel para las mujeres Respaldada por una resolución que la ONU aprobó en el año 2000, Mayanja se ha esforzado muchísimo para intentar avanzar algo en el papel que
desempeñan las mujeres en las misiones de paz de esta organización. Los defensores sostienen que las mujeres han sufrido desproporcionadamente en muchos de los conflictos violentos del planeta –en especial en África, dónde Mayanja nació-, y que una mayor participación de las mujeres en las operaciones de paz asegurará un mayor apoyo de la comunidad y un mayor seguimiento y denuncia de los crímenes de guerra que conlleven violaciones y agresiones sexuales. Por ejemplo, Mayanja ha animado a las mujeres de Sudán a tener un papel más destacado en la represión del genocidio de Darfur.

Mayanja afirmaba que, en su lucha para conseguir que la ONU nombrase como director de una de sus 18 misiones de paz a una mujer, preparó listas de mujeres ampliamente cualificadas –como ex-ministras del gobierno y embajadoras-
, para llevar a las oficinas de los responsables en la toma de
decisiones. Sin embargo, no sirvieron para disuadir a esos individuos de la idea de que las candidatas no cumplían los criterios que habían establecido. “¿Qué pensáis?”, recriminó a la audiencia. “¿Soy yo la única persona que está loca? Porque de verdad, cuando dices la misma cosa una y otra vez y ellos te explican que no necesitan gente, y sigo insistiendo y enviándoles nombres… Tal vez soy yo la que tengo un problema”.

Mayanja enumeró los diferentes motivos que los burócratas le habían dado para justificar por qué no podían cubrir dichos puestos con las mujeres candidatas, pero lo que más le exasperó fue que le dijesen que no podían encontrar
mujeres que estuviesen cualificadas para el puesto. Sin embargo, en el Caribe la mayoría de los estudiantes universitarios son mujeres, pero no hay ninguna mujer caribeña ocupando un puesto clave de gestión en Naciones Unidas, señalaba.

Otras disculpas que Mayanja suele escuchar son que las mujeres no son buenas estableciendo contactos, o que no son capaces de encontrar el equilibrio adecuado en el entorno laboral de Naciones Unidas. “Te puedo asegurar que somos las únicas que tenemos este tipo de objetivos múltiples. ¿Los hombres no?”, preguntaba empleando un tono sarcástico. “Este es el motivo por el que nos han mantenido al margen: los hombres no tienen hijos, no tienen padres, no tiene familiares enfermos por los que preocuparse, no juegan al golf. No tienen ningún equilibrio que encontrar”.

Más tarde, en el turno de preguntas, Mayanja añadía otra excusa que es particularmente escabrosa cuando se trata en debates públicos: las presiones políticas. Por ejemplo, si “determinado país está pagando más que otro para financiar la organización y sus programas”, y ese país está apoyando a
un hombre para determinado puesto, “tus planes para contratar a una mujer necesariamente se van al traste”, explicaba Mayanja.

“Acción positiva” Mayanja declaraba apoyar cierto tipo de “acciones positivas” para fomentar la igualdad de géneros, pero sólo durante un periodo de tiempo determinado. “Tiene
que ser durante un periodo específico. No puede continuar
indefinidamente, ya que se convertiría en discriminación inversa. Debe por tanto haber un plan en el que se establezca que en los próximos cinco años la situación va a mejorar.
No se puede permitir que las cosas sigan así”, explicaba. Cualquier programa de acción positiva debe ser transparente para todos los trabajadores.

En una corta entrevista tras su intervención en la conferencia, Mayanja dio algunos consejos a los profesionales de recursos humanos que quieran reducir la brecha de las diferencias de género. En su opinión, es importante partir de buenas estadísticas, explicando con detalle las cifras actuales de una
empresa u organización, y conocer cual es su política oficial en relación a la igualdad de géneros.

“Y lo que yo haría es intentar que dichas políticas se cumpliesen; que se cumplan, no de un modo burocrático sino hablando con los directores y diciéndoles No está haciendo una buena gestión de recursos humanos.
Está acabando con toda la organización y me gustaría ayudarle con este tema”, decía. “Creedme, el 99% de los directores querrían contribuir a resolver esta situación”.

Mayanja mostró su preocupación, tanto durante la conferencia como en la entrevista posterior, ante la posibilidad de que los profesionales de recursos humanos hubiesen dejado de estar interesados en la lucha por la igualdad de género, una lucha que lleva en la agenda de muchas organizaciones y empresas privadas desde hace más de una generación. “Hemos perdido el interés y necesitamos recuperarlo”.

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