”perdiendo el temor” al conflicto

El Mostrador.cl

20 de Agosto de 2007

Pedro Güell, investigador del PNUD:
”La cultura política chilena ha descansado en el miedo al desorden”

por  Carlos Alvarez

Investigador encargado del Informe de Desarrollo Humano del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo advierte que la sociedad chilena está ”perdiendo el temor” al conflicto, lo que se demuestra en los últimos movimientos laborales y estudiantiles. Lo importante, destaca, es canalizar adecuadamente las ”energías positivas” de estos cambios.

Los Informes de Desarrollo Humano del PNUD se han convertido en uno de los principales barómetros de los cambios que ha experimentado la sociedad chilena en los últimos años.

Uno de los últimos (2004) advirtió una redistribución importante del poder de influencia de sus actores sociales. Se apuntó, al respecto, que los sindicatos, por ejemplo, estaban apareciendo en los últimos lugares de entidades
con menor influencia social.

Dadas las últimas movilizaciones laborales y antes, las realizadas por el movimiento estudiantil, El Mostrador.cl conversó con Pedro Güell, investigador responsable del Informe de Desarrollo Humano del PNUD, para analizar si
detrás de estas movilizaciones hay algo más que simples conflictos puntuales y acotados a sus respectivos sectores.

Güell es uno de los “sobrevivientes” de un importante proceso de reestructuración que está experimentando el PNUD en Chile y una confirmación que el funcionario es muy valorado, precisamente por el producto “estrella” de
la entidad: el Informe de Desarrollo Humano.

Según el especialista, hay indicios importantes de que “la sociedad chilena está perdiendo el miedo al conflicto”, además de que los actores sociales crecientemente se están haciendo concientes de su propia fuerza para defender sus derechos y, por tanto, piden menos la ayuda de terceros actores.

-El último informe del PNUD hablaba de que uno de los actores con menos “poder” en la sociedad chilena eran los sindicatos. Ese antecedente ha sido bastante comentado en fuentes sindicales. ¿Lo que Chile está viviendo hoy día en
términos de algunas movilizaciones laborales responde a un proceso de cierta reversión de ese fenómeno?

– En términos formales, es decir, respecto de las capacidades que le otorga la institucionalidad, y en términos de sus afiliaciones, los sindicatos siguen siendo débiles. Lo que ha cambiado es que han aparecido formas nuevas
de movilización, representación y negociación que no están contempladas en la institucionalidad y que, sin embargo, han constituido un poder real y han alcanzado éxitos en sus negociaciones. Es un fenómeno de nuevo tipo, como lo son también los liderazgos que favorecen.

– El cientista político Carlos Huneuss señala que si esta mayor “agitación laboral” no era asumida por las élites sociales y políticas, podían producirse algunos problemas de relevancia, como ocurrió durante la administración de Eduardo Frei Montalvo y la reforma agraria. A la luz de los análisis del PNUD, ¿coincide con la mirada de Huneuss?
– El desafío que ha quedado planteado con esta nueva forma de movilización, como fue también el caso de la movilización de los secundarios el 2006, es la capacidad de la institucionalidad para ponerse a la altura. Lo que está en
juego son algo más que “actos fuera de la ley”; son también expresiones de realidades sociales nuevas que no están contempladas adecuadamente en la legislación. El oportuno reconocimiento y la correcta institucionalización de los cambios sociales no sólo es una fuente para prevenir los desbordes permanentes de las instituciones, sino también para aprovechar las energías positivas que contienen los cambios sociales.

– Usted dijo que los chilenos estaban “perdiendo el miedo conflicto” y que esto era un cambio muy importante en la sociedad. ¿Por qué es tan relevante y a su juicio qué lo motiva?
– Una parte importante de la cultura política chilena ha descansado en el miedo al desorden. Esto ha llevado a suponer que la contención social a través de un orden autoritario y verticalista es la mejor forma de producir paz
social y desarrollo. De ello se ha derivado un tipo particular de relaciones sociales, donde unos tienen la virtud del orden y mandan y otros tienden naturalmente al desorden y deben ser contenidos. Este tipo de relaciones ya no está a
la altura de las exigencias organizacionales del desarrollo. Por esta razón es tan importante que esta cultura esté cambiando al calor de nuevas formas de relaciones sociales.

– También dijo que en la sociedad chilena no hay malestar cultural, sino enojo.
¿Cuál es la diferencia?
– El malestar cultural es propio del desconcierto y temor que surge de un orden habitual que comienza a desaparecer. Es la sensación de una pérdida injusta e
impuesta, y se reacciona con el retraimiento. El malestar cultural mira al pasado. Hoy estamos en presencia de actores que quieren un nuevo orden y un nuevo tipo de relaciones sociales y sienten que la institucionalidad es
rígida y no los reconoce, pero están dispuestos a actuar para llevarlos a cabo. Eso no es malestar, eso es enojo.

– Y en cuanto a la mayor autonomía de las organizaciones sociales, ¿se conecta esto con movimientos como los protagonizados por estudiantes o sectores de trabajadores?
– Sin duda, los procesos culturales de individuación o de pérdida de temor al conflicto juegan un rol importante tras las nuevas formas de movilización. Pero hay mucho más que eso; no todo es cultura. También hay una experiencia concreta respecto de formas retrasadas y limitantes de organizar las relaciones sociales. Además hay nuevas expectativas y nuevas formas de utopía, muchas de ellas alimentadas por el discurso ambiente sobre la abundancia de los recursos públicos y sobre el éxito de las empresas.

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