La revolución de los blogueros

El Mostrador.cl

31 de Julio de 2007

La revolución de los blogueros

por  Pablo Azócar

Durante la semana pasada ocurrió uno de los fenómenos más impresionantes en la historia de la comunicación digital, pero ni la prensa ni la televisión se dieron por enterados. Cabe preguntarse dónde estaban vacacionando editores y jefes de prensa, pues se trata de un hecho político enorme, que movilizó a miles de personas en la Red y que, sin embargo, en la prensa tradicional apenas fue incluido en reseñas y comunicados mínimos, confinados por lo
general a los segmentos de “tecnología”.

El tema de fondo es un acuerdo-marco firmado el 9 de mayo pasado entre el Ministerio de Economía chileno y Microsoft Corporation, que involucra a los 15 millones de chilenos en temas de capacitación digital, domicilios digitales (plataforma Live de Mail, Messenger, Spaces, Mobile, etc.), redes digitales en municipalidades y gobiernos regionales, desarrollo y capacitación tecnológica, infraestructura informática, acceso por teléfonos celulares, digitalización de
pequeñas y medianas empresas, seguridad informática, una ruta digital para la Educación y la identificación de todos los estudiantes del país, una red operacional para la Policía de Investigaciones y nada menos que los datos del Registro Civil, entre otros temas.

Dos blogueros, el periodista Christian Leal y el estudiante de
postgrado del MIT Carlos Moffat, pusieron el tema en la Red a comienzos de la semana pasada, luego se filtró misteriosamente el contrato propiamente tal, y la bolita de
nieve se convirtió en bola y luego en bolón, para acabar convirtiéndose en una auténtica revuelta de internautas, con miles de chilenos opinando en todas las direcciones. Fue tal el impacto que provocó la noticia, que en sólo 48
frenéticas horas motivó la creación de un “Movimiento de Liberación Digital”, una carta masiva a Bachelet de “Rechazo al Acuerdo”, la creación de grupos de trabajos en Wiki y reacciones airadas de organismos tan sobrios como
Flickr y YouTube.

Hoy la gente casi ya no se expresa en las calles: la plaza pública, o la sociedad civil, o una parte de ella (la que tiene el privilegio de un computador), está en la Red. Algo relativamente semejante ocurrió en marzo del 2004, con los famosos atentados de Atocha en Madrid. El gobierno de
José María Aznar inicialmente los atribuyó a la ETA, entre comunicados vagos y maniobras embozadas de distracción, hasta que fue desenmascarado con un frenético movimiento de cientos de miles de internautas, lo que apenas dos días
más tarde provocó la increíble derrota de su delfín, Mariano Rajoy, cuyo triunfo hasta ese episodio aparecía garantizado en las encuestas.

El ministro de Economía, Alejandro Ferreiro, se limitó a convocar a periodistas “especializados” a una conferencia de prensa para informar sobre el acuerdo con Bill Gates, y escondió la cabeza cuando la semana pasada se vino el
tsunami en internet. Sólo cinco parlamentarios se han referido al tema (Navarro, Farías, Sepúlveda, Valenzuela y Flores). El director de comunicaciones de Microsoft-Chile, Martín Karich, debió enfrentar lo que calificó como “una sobre-reacción desmedida de los blogueros”. Emol fue
una excepción y cubrió profesionalmente la noticia, pero El Mercurio ignoró a su propio medio digital y sólo publicó escuetamente la versión de Microsoft. Lo mismo La Tercera (publicó literalmente el comunicado del Ministerio de
Economía, y punto), aunque La Cuarta tituló a su modo: “Bill Gates nos metió todo el disco duro”. Canal 13 restringió la noticia a la arista del Registro Civil en una escuálida nota de un minuto y 27 segundos, y el departamento de prensa de TVN no informó una sola palabra sobre el asunto.

¿Un contrato de esta magnitud y relevancia no debiera ser firmado por la propia Presidenta Bachelet, o siquiera por todos los ministerios involucrados (cinco por lo menos, empezando por Hacienda)? ¿No debió convocarse a una
licitación? ¿No debió debatirse abiertamente el tema ante la opinión pública, y con todas las cartas sobre la mesa, para que no prevaleciera la percepción, como se ha hecho costumbre, de que nos están tratando de pasar un gol? ¿Tiene alguna relación esta decisión con el viaje en marzo del ministro Ferreiro al VIII Encuentro Mundial de Líderes, organizado por Microsoft, en Cartagena de Indias?

Aparentemente, el problema esencial no es de orden constitucional, ni legal, ni de las compras públicas, y ni siquiera de la eventual vulneración de la privacidad o manejo de datos personales, que teóricamente están
garantizados. Tampoco cabe un alegato contra Microsoft ni contra el poderoso y brillante Bill Gates, que se limitan a hacer su negocio. De lo que se trata es de discutir sobre la transparencia que requiere una decisión tan crucial y con tal
cúmulo de consecuencia para el país, y sobre el compromiso de neutralidad tecnológica ña la que se comprometió por unanimidad la Cámara de Diputados, refrendado explícitamente por el Presupuesto Nacional 2006-2007 y recomendado sin ambigüedad la ONU. El propio ministerio de Economía firmó con la Sofofa, el PNUD y la Corfo, con el soporte del gobierno japonés, un compromiso de “mejorar la tecnología de la información de las medianas y pequeñas empresas ylos gobiernos locales a través de un software libre”.

Preferir el software libre (es decir tecnologías de acceso gratuito para todas las personas) es actualmente la tendencia mayoritaria en todo el mundo,y es la opción de países como Alemania, España, Francia, Finlandia, Noruega y Brasil. En el medio de la tormenta de los internautas, la semana pasada,Microsoft-Chile declaró que el contrato “no es de obligatoriedad”, sino un“acuerdo de colaboración”. Sin embargo, este acuerdo-marco implica una sociedad defacto, con el gobierno chileno como agente reproductor y difusor de losproductos Microsoft, que entre otras cosas ofrece instalar un sistema total de notificación para instituciones públicas (domicilio digital). Es decir,en la práctica, un número no especificado de “trámites” sólo se podríanrealizar en softwares de Microsoft, como ocurre hoy con las boletas electrónicasdel Servicio de Impuestos Internos, o con ChileCompra, o con los créditos universitarios.

Microsoft declaró inicialmente que todo esto “no le significará uncentavo al Estado chileno”, aunque la semana pasada añadió, curiosamente, que lasescuelas y colegios “sólo pagarán entre 3 y 5 dólares por computador al año”.Por si acaso: hasta el 2006 había 107.853 computadores sólo en el sistemaescolar subvencionado. Es cosa de ponerse a calcular. Según el senador Navarro,el 2006 el Estado chileno gastó 14 mil millones de pesos en licencias desoftware sólo en siete de los 22 ministerios del país.

“Esto es como si el MOP nos dijera que ha logrado que Toyota financie una autopista paralela a la Ruta 5… aunque en ella sólo podrán circularautos Toyota”, comentó Christian Leal(www.elfrancotirador.cl), uno de los responsables del tsunami digital de estos días, incapaz todavía de salir del asombro, preocupado además por el destino de la naciente y dinámica industria de software chilena.

Pablo Azócar. Escritor y periodista

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