Dos extranjeros se suman a demanda por vuelos clandestinos de la CIA

1 de Agosto, Washington (AFP).- Un residente británico de origen iraquí y un yemení se sumaron hoy a una demanda contra una subsidiaria de Boeing por los vuelos que presuntamente facilitó a la CIA para el traslado de extranjeros a cárceles clandestinas.

Bisher al-Rawi, de origen iraquí, y el yemení Mohamed Farag Ahmad Bashmilah se unieron a la demanda federal que entabló el pasado 30 de mayo la Unión de Libertades Civiles de EE.UU. (ACLU) contra Jeppesen Dataplan, subsidiaria de la empresa aeronáutica Boeing.

La ACLU dijo en un comunicado que ambos fueron trasladados a centros de detención secretos, donde fueron sujetos a torturas “y toda clase de trato degradante, cruel e inhumano”.

En su versión original, la demanda fue presentada por ACLU en nombre de tres extranjeros también sometidos al programa secreto de la CIA. La demanda se apoya en una ley federal de 1789 que permite a los extranjeros entablar demandas en suelo estadounidense por violaciones al derecho internacional o a un tratado de EE.UU.

Citando un informe del Consejo de Europa, la demanda, ahora modificada con la adición de las dos víctimas, alega que Jeppesen intencionalmente “registró vuelos ficticios” a diversas autoridades aéreas para ocultar el verdadero destino de los vuelos en cuestión.

La demanda dice que Jeppesen, a través de su agencia de viajes, ha sido un principal proveedor de servicios de logística y de vuelos para los aviones que utiliza la Agencia Central de Inteligencia (CIA) para el traslado de sospechosos de terrorismo a terceros países.

Desde diciembre de 2001, Jeppesen ha ofrecido servicios en al menos 15 aviones, que en su conjunto han realizado un total de 70 vuelos clandestinos, precisa el documento.

“Los vuelos de la CIA sirven para trasladar a sospechosos de terrorismo a países donde el Gobierno de EEUU sabe que los detenidos son normalmente torturados”, en violación del derecho internacional, dijo ACLU.

La demanda además señala que “Jeppesen ha facilitado vuelos hacia instalaciones estadounidenses en el exterior, donde el Gobierno de EE.UU. sostiene que no aplican las salvaguardas de sus propias leyes”.

El documento establece que Jeppesen facilitó a la CIA vuelos directos para el traslado de Bisher al-Rawi de Banjul, en Gambia, a Kabul, en Afganistán, en diciembre de 2002.

Según la ACLU, Al-Rawi fue trasladado a Afganistán “en pañales”, esposado, con los ojos vendados y restringido por un arnés. A su llegada a Afganistán, fue detenido, interrogado y torturado en una cárcel clandestina estadounidense conocida como “Prisión Oscura”, y posteriormente fue llevado a la base aérea de Bagram.

En octubre de 2003, Bashmilah recibió el mismo trato que al-Rawi y además fue encapuchado, atado a un asiento en el vuelo clandestino y trasladado de Jordania a Kabul, y posteriormente trasladado a la misma base aérea, donde también fue interrogado, torturado, y mantenido incomunicado por el Gobierno de EE.UU. durante aproximadamente seis meses, según la demanda.

Al-Rawi fue trasladado a la base de EE.UU. en Guantánamo en febrero de 2003 y reside en el Reino Unido desde que fue puesto en libertad en marzo de 2007. Bashmilah fue trasladado a Yemen, donde permaneció detenido durante nueve meses antes de lograr su libertad.

El comunicado de la ACLU incluye testimonios de ambas víctimas, que recuerdan su “horrorosa” experiencia en el programa secreto de la CIA.

“Entre más pruebas obtenemos, más nos enteramos de la magnitud del papel de Jeppesen en el programa de la CIA”, dijo Anthony Romero, director ejecutivo de ACLU, quien tildó el programa secreto de la CIA de “ilegal” e “inmoral”.

“Es censurable que las empresas estadounidenses se lucren de un programa gubernamental que involucra secuestros y torturas… las compañías que optan por facilitar (ese programa) deben rendir cuentas”, agregó Romero.  

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