“cerca del 80% de los chilenos gana menos de 150 mil pesos”

“El conflicto social llegó para quedarse” Mirko Macari
La Nación, Domingo 12 de Agosto de 2007 

El religioso jesuita, economista y sicólogo, señala que las palabras de Alejandro Goic interpretan a toda la Iglesia, critica la insensibilidad de ciertos empresarios para escuchar a un obispo y reconoce que la Iglesia ha entrado al terreno político. Y asume que, debido a un sistema perverso, las huelgas ordenadas no dan resultado.

Las dos instituciones políticas más viejas de Occidente son el Ejército y la Iglesia. Tal vez por eso los curas, más allá de su discurso moral, captan ciertas pulsiones profundas de la sociedad y las advierten, tal como los perros aúllan antes de los temblores. Mal que mal, la red de parroquias, capillas, iglesias y basílicas a lo largo del país es también un efectivo aparato de inteligencia, de acceso a información privilegiada.
Saliendo de las catacumbas a las que parecía condenarla la modernidad y la secularización, la Iglesia patea el tablero político con los dichos de un obispo que, además de marcar la agenda de la semana, son también como un aullido. ¿Qué es lo que se trae la Iglesia entre manos? Se lo preguntamos a Antonio Delfau, un sacerdote jesuita con alma de periodista, quien dirige la revista “Mensaje”.

–Ustedes los jesuitas ganan con este tema puesto en la agenda. Mal que mal, tienen santo en el rubro de la pobreza y el pecado social.

–Cómo no vamos a estar contentos que los temas de San Alberto Hurtado estén en la palestra hoy día. La Compañía de Jesús definió, con el padre Arrupe a la cabeza y después del Concilio Vaticano II, que el servicio de la fe está unido a la promoción de la justicia como algo indisociable.

–En ese sentido, ustedes tienen un know how en relación a otras congregaciones.

–No sé si un know how, pero son temas muy queridos y que nos han traído muchos problemas también.

–¿Cree que este tema llegó para quedarse?

–Tengo mis dudas, las respuestas han sido de poca acogida; no me atrevería a decir que el tema llegó para quedarse en la agenda. Lo que sí llegó para quedarse en Chile es el conflicto social. Y lo de monseñor Goic es profético.

–¿Cuando monseñor Goic interviene debe leerse que lo hace a nombre de toda la Iglesia o es a título personal?

–Él habla como presidente de la Conferencia Episcopal de Chile, no dice “esto lo digo como obispo de Rancagua o como persona”.

–¿Eso porque es el primus inter pares entre los obispos?

–No, porque todos son iguales en jerarquía. Lo que diría es que representa bastante el sentir de toda la Iglesia, pues se entronca con lo que es el catolicismo social, que en Chile tiene una tradición muy larga y coherente.
Tenemos que remontarnos al padre (Fernando) Vives, luego al padre Hurtado, a monseñor (Manuel) Larraín, al cardenal (Raúl) Silva y tantos otros para los que la cuestión social fue muy importante.

–Pero durante el siglo XX la cuestión social se enreda con la política, y eso provoca la identidad de la Iglesia con el Partido Demócrata Cristiano.

–Lo que pasa es que la Iglesia está en esto desde comienzos del siglo XX. José María Caro dice en 1922 (lee): “La cuestión social es por sobre todo una cuestión moral y religiosa, íntimamente relacionada con la eterna salvación de los hombres”. La Iglesia chilena, en su mejor tradición, reclama independencia respecto a lo político, pero ocurre que educó a un grupo de gente y algunas de esas personas encauzaron su vocación en el servicio público y la política. Ahí viene la escisión del Partido Conservador y sale esta Falange que tiene a la cuestión social como algo muy propio. Monseñor Manuel Larraín decía: “No basta combatir el comunismo, hay que quitar las causas que lo producen”. Lo
de monseñor Goic se entronca con este catolicismo social chileno, algo que no ocurre en todas las iglesias de Latinoamérica.

–¿Esta intervención tan concreta de Goic pudo darse sin que antes lo haya sabido el arzobispo de Santiago, Francisco Javier Errázuriz?

–No lo sé, lo digo sinceramente.

–Pero usted conoce a la Iglesia, sus rituales y jerarquías. ¿Pudo no saber algo así monseñor Errázuriz?

–Creo que, en términos generales, el pensamiento de monseñor Goic representa el de la jerarquía católica chilena, que siempre ha tenido una preocupación por la justicia social. De sueldo digno habla León XIII en la Rerum
Novarum, al final del siglo XIX. La intervención de monseñor Goic es la segunda en este período, la primera es la de monseñor Ezzati, en Concepción, y lo hace después
de la muerte de un obrero forestal.

–Entonces, ¿Goic representa a toda la Iglesia, incluyendo a monseñor Errázuriz?

–Supongo que sí.

–Se lo pregunto a usted como periodista.

–Monseñor Errázuriz ha hablado sobre la vivienda digna, la educación, una serie de cuestiones. De alguna manera representa algo de lo que fue Aparecida, donde él fue presidente de la Conferencia Episcopal Latinoamericana.

–¿Esos temas están en la impronta de lo que ha sido la conducción eclesial de Errázuriz?

–Lo que dijo monseñor Goic representa muy bien lo que es la historia de Goic, su sensibilidad social especial. Pero no es disonante con nadie dentro de la Iglesia; piensa que el cardenal Errázuriz nombró en la Vicaria de la Pastoral Social a Rodrigo Tupper, quien ha tenido palabras muy fuertes. Lo que más me ha molestado es la falta de acogida del espíritu de lo que monseñor Goic dijo, el haberse quedado en la cosa chica. Si el sueldo mínimo son 200 mil o 250 mil, si las pymes pueden o no pueden, etc.

–Pero mirado al revés, cuando monseñor Goic da una cifra cruza la frontera y entra al plano abiertamente político.

–La Iglesia siempre ha entrado al plano político, no es ninguna novedad. La Iglesia es un referente moral, pudo pasar por momentos peores o mejores, pero lo es.

–Pero se está comprando un conflicto y la Iglesia suele ser muy cuidadosa de hacer eso. Tiene feligreses de todas las sensiblidades y ahí radica su poder.

–Bendito conflicto entonces, porque esto ha logrado poner en la agenda el tema y estamos todos discutiendo qué significa tener un sueldo ético.

–También es cierto que desde 2005 la Conferencia Episcopal venía hablando de esto, venía oliendo este conflicto.

–La Conferencia ha tocado varias veces temas sociales, lo que pasa es que aquí se dio una coyuntura especial porque estaba este conflicto con los subcontratistas de Codelco que planteó el tema en una empresa del Estado, que se supone que pertenece a todos los chilenos. Y monseñor Goic media
porque es el obispo de Rancagua.

–Pero él salta de un conflicto puntual y se instala en una discusión de alcances insospechados.

–Él dice que los primeros gobiernos después de la dictadura de Pinochet postergaron los temas sociales por razones que pudieron ser atendibles. Pero añade que llegó el momento de sentarnos a dialogar y conversar, porque en Chile hay una deuda social. A mí me impresiona la agresividad con que han reaccionado algunos empresarios por esto.

–¿Qué gobiernos de la Concertación postergaron los temas sociales?

–Los gobiernos de la Concertación han hecho mucho en la agenda social, se han logrado muchas cosas, pero ahora como que estamos llegando a una sintonía más fina.

–Sembrar dudas sobre el modelo económico en un momento representaba un peligro político. ¿Hasta cuándo dura eso, hasta Lagos?

–Es complicado, pero es verdad que el celo por el modelo ha permitidouna cierta credibilidad internacional, cierta facilidad para que lleguen los inversionistas. Pero hoy ya hay un malestar, una impaciencia de amplios sectores que no participan del progreso del país, y eso no se soluciona
con represión. Cuando Ovalle (presidente de la CPC) dice “es intolerable esto de las explosiones sociales, no se pueden seguir aguantando”; ojo, porque hay que considerar que si no hay fuegos artificiales, estas cosas no aparecen en los medios. Los medios están cada vez más banales y necesitan colorido, y una  huelga ordenada donde no pasa nada no tiene visibilidad. Hay un círculo maligno en este sistema tan frívolo.

LOS GRUPOS PRIVILEGIADOS

–Goic pone una cifra simbólica, 250 mil pesos como sueldo mínimo. Lo dramático es que cerca del 80% de los chilenos gana menos de 150 mil pesos.

–¡Qué viabilidad tiene un país así!

–¿No es viable Chile así?

–Yo diría que no, la gente quiere participar del crecimiento y del progreso. Se está tratando mejor a la educación, el AUGE es un avance, pero una sociedad tan desigual, donde se ha perdido el miedo al conflicto, encierra un peligro potencial. Al comienzo de la transición estuvo el fantasma de los militares y tampoco la gente quería conflicto, porque lo había pasado muy mal. Pero ahora estamos en democracia y el conflicto es algo normal, propio de la vida democrática.

–¿Estamos ante el comienzo de una nueva cuestión social como la de inicios del siglo XX?

–Yo lo pondría de otra manera: estamos ante una gran oportunidad de salir del subdesarrollo. No pueden ser mejores todos los indicadores: el cobre en el cielo, también las exportaciones, la macroeconomía, etc. Cómo se
resuelve esto técnicamente lo dirán los que se sienten a la mesa, si alguna vez se sientan. Pero es ridículo que alguien le enrostre a Goic que no sabe nada de economía, quiere decir que no entendió nada del discurso.

–Hay importantes empresarios vinculados desde siempre a la Iglesia, como Ricardo Claro y Eliodoro Matte, que son parte de la base de apoyo de la Iglesia como institución.

–No quisiera personalizarlo, pero yo me pregunto cómo hombres tan cercanos a la Iglesia han tenido palabras tan duras. La palabra de un pastor con autoridad moral se tiene que tomar con más respeto, en el sentido de acogerlo y pensarlo. Es la Iglesia la que está diciendo cosas.

–Matte, reconociendo que sus empresas tienen buen clima laboral, ha apuntado al ministro del Trabajo por su interpretación de la subcontratación.

–Lo que yo lamento es que tenga que intervenir la Iglesia, no porque no sea legítimo, sino porque quiere decir que nuestras formas institucionales de resolución de conflictos no están funcionando bien. Que la Iglesia intervenga en dictadura es entendible, pero que lo haga en democracia quiere decir que hay conflictos muy profundos en la sociedad que no están bien resueltos y que son peligrosos también para los empresarios.

–¿De quién es la culpa de haber llegado a este estado de las cosas?

–Seamos justos, esto viene desde la Colonia.

–Pero si todos son culpables, nadie lo es. Los grados de
responsabilidad son diferentes.

–El sistema no funciona como debería funcionar en transparencia, en verdadero libre mercado, en ausencia de monopolios y de informaciones privilegiadas, de tráfico de influencias, de grupos de poder que piden privilegios que
perjudican al resto. También veo una cierta insensibilidad de algunos empresarios para compartir sus ganancias; las utilidades son escandalosas. Les ha ido muy bien a las empresas chilenas, no a todas por cierto.

–Las empresas de retail y supermercados son emblemáticas, en términos de las ganancias que tienen y el contraste con los sueldos que pagan.

–Los bancos también.

–Para ser justos, cierto sindicalismo también opera desde las lógicas de grupos de poder, desde la ganancia chica de algunos dirigentes para mantener sus cargos.

–El sindicalismo fue destruido y atomizado. Antes que tú llegaras vino un dirigente sindical a decirme que yo los ayudara, porque ellos no sabían hacer las cosas. Hay que ver también la desigualdad en la que se enfrentan los bandos negociadores.

–El sindicalismo fue destruido por el régimen militar, pero en estos 17 años eso podría haber cambiado y no cambió.

–Al menos no han sido favorecidos en absoluto. Que cometan errores los sindicalistas me parece como obvio, el sindicalismo ha hecho lo que ha podido.

–Eduardo Engel hablaba en una columna de los privilegios de los trabajadores de Codelco de manera muy gráfica.

–Muy buena la columna de Engel, es lo que decía de los grupos de poder, porque también están los privilegios de los agricultores a los que les fijan bandas de precios, de las pesqueras que tienen cuotas de captura que limitan que otros puedan entrar, o los oftalmólogos que mantienen una especie de cartel. En el caso de los trabajadores son los menos, pero hay problemas estructurales que van más allá del salario mínimo.

Copyright © 2005, Empresa Periodística La Nación S.A.

Impactos: 1

Deja una respuesta