Los estudiantes que nadie quiere

Los estudiantes que nadie quiere
La Nación, Martes 26 de Junio de 2007

http://www.lanacion.cl/prontus_noticias/site/artic/20070625/pags/20070625200724.html

Despectivamente se les conoce como “escuelas basurero”. Reciben a todos los alumnos expulsados de colegios más tradicionales. Sus profesores, además de pasar las materias, deben reconstruir la dignidad de los niños y jóvenes que están fuera de los sistemas formales de enseñanza.

Katerinne Pavez

El colegio Emaús de Maipú podría ser como cualquier otro. Pertenece a la municipalidad y recibe una subvención por sus alumnos.

La diferencia es que atiende a 68 niños y jóvenes, entre séptimo básico y cuarto medio, que han sido expulsados de todos los demás establecimientos. Problemas de delincuencia, drogas, embarazo precoz o mala conducta “crónica” los hicieron caer en un sistema escolar que los acoge también emocionalmente. Son niños que provienen de familias “donde los maltratan mucho, están abandonados, tienen muy baja autoestima”, señala Iris San Juan, la directora del escuela Emaús.

El establecimiento fue creado el año 2002, pero fue reconocido el 2004, y sólo el séptimo y octavo. Durante los primeros dos años la situación era muy distinta a la actual: el lugar estaba siempre rayado y sucio, los jóvenes se escapaban y provocaban disturbios en las afueras del establecimiento, los vecinos se sentían amenazados. El Colegio Emaús es en realidad una casa remodelada, que está en medio de un sector residencial. Por esto, han tenido que luchar contra la estigmatización de la que son objeto por parte de los vecinos, los que incluso han pedido que se cierre o se traslade.

Iris San Juan reconoce que costó mucho que el colegio funcionara como tal, y no como casa de acogida. Porque a la discriminación que sufrían los niños, se agregaba que estos no estaban acostumbrados a respetar a los adultos, “los veían como enemigos”.

A estas escuelas, incluso en círculos académicos, se las conoce como “escuelas basurero”: se hacen cargo de todo aquel que es rechazado en otras instancias de enseñanza.

Es difícil saber cuántas de ellas funcionan de manera formal. Esto, porque su existencia depende de si el municipio está interesado en recuperar a estos jóvenes, invirtiendo dinero de otros lados. Porque con tan pocos alumnos y con tantas necesidades especiales, el financiamiento por subvención no alcanza. Sin embargo, se sabe que son iniciativas aisladas, ya que el Mineduc fomenta programas fuera del ámbito formal de enseñanza (ver recuadro).

Difícil reinserción

“Una vez, llevamos a una niña de vuelta al colegio donde estaba, para que pudiera seguir sus estudios normalmente. Pero cuando entramos, una profesora le dijo ‘Y tú, ¿Vienes de nuevo a robar?’ Con ese tipo de violencia hacia ellos, es muy difícil reinsertarlos en escuelas más grandes” relata Iris.

Es algo con lo que concuerda Magali Catalán, directora del Programa de Desarrollo Humano de la Universidad Diego Portales. Ella trabajó en un programa de reescolarización en La Legua y sólo tiene recuerdos positivos de esa experiencia. Muchos niños y jóvenes pudieron certificar estudios, mediante la rendición de exámenes libres. Sin embargo, dice que el sistema formal no está preparado para hacerse cargo de esta realidad. “Nuestro esquema de enseñanza formal está basado en una disciplina estricta y en la selección de los mejores. Mientras esto sea así, no hay espacio para estos niños. Además, al ser menores vulnerables, son más caros de educar “No sé si una escuela normal pueda tener un equipo multidisciplinario a cargo de un grupo de menores con problemas”. Magali cree que el problema de fondo es que el sistema educativo no está diseñado para hacerse cargo de los niños que no encajan. Y que por esto, existe la necesidad de lugares especiales. Además, estos niños cargan con una hoja de antecedentes que atemoriza y predispone a los profesores.

Algo que en Maipú saben. “Nos cuesta reinsertar a los niños en la misma comuna. Pero en otras, hemos tenido éxito. Tenemos dos estudiantes de gastronomía, algunos han ido a la universidad, otros han formado su familia y tienen buenos trabajos”, sostiene con orgullo Iris San Juan. Ella y sus profesores apuestan a conseguir logros educativos, aún en los casos más adversos. Todo, porque dicen que ninguno de ellos sale igual que como entró. “No se sacan puros sietes, pero obtienen dignidad”, dice Iris.

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