Las caras femeninas de la pobreza

Las caras femeninas de la pobreza
La Nación, Viernes 15 de Junio de 2007

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La encuesta Casen no sólo dejó cifras. La realidad detrás del estudio indica que cada vez son más las mujeres que se hacen cargo de un hogar y que se integran al mundo laboral impulsadas por políticas sociales.

José M. Jaque / Dalia Rojas

Rosa no para de toser. Estuvo cuatro días en cama y aún no está del todo bien, pero no importa. “Esta casa no funciona sin mí”, dice. Empezó a llover y la está esperando una pala con la que remueve la tierra para que no se junte agua a la entrada de la casa. Aún convaleciente, anda con una polera amarilla de manga corta. Como si el frío no le entrara hasta a los huesos como al resto de los mortales.

Rosa Díaz es la tercera de ocho hermanos. No pudo seguir estudiando porque no alcanzabala plata “ni para comprarme un lápiz”. Y tenía 13 años cuando supuestamente se enamoró. Dice “supuestamente” porque ahora le queda claro que no fue así. “Fue un escape para mi situación de pobreza”, reconoce. Fue mamá a los 14 años. Cuando cumplió 19, ya tenía cuatro hijos. “En ese tiempo no te educaban como ahora. Te decían ‘besos y abrazos no sacan pedazos, menos calzones abajo’. Con eso se supone que te enseñaban. Pero una no cachaba nada”.

No fue feliz con Patricio. Sus hijos veían cómo la insultaba. Tampoco fue feliz con quienes lo siguieron. “Si he tenido pareja es para no estar sola, pero yo soy anormal porque siempre he llevado la batuta. Si se llueve el techo soy yo la que se sube a arreglarlo”. Rosa se separó a los 19. Tenía tres hijos porque Jéssica, la tercera, falleció al mes de vida de muerte súbita. Buscó ayuda en la casa de sus padres. Después de probar suerte en Santiago, llegó al campamento Erradicación Puente de Maipo de Buin.

Volvió a cero. Su mediagua no tenía luz. Acarreaba agua en balde. Pero no le importó. “Estaba a acostumbraba a vivir así. No me frustré ni me dio depresión”, dice. Consiguió agrandarla con Un Techo para Chile y empezó de nuevo con sus tres hijos y ya dos nietos. Trabajó raleando uva y terminó de jefa en un packing.

Ahora es jefa de la Junta de Vecinos de su campamento. Gracias al Programa Chile Barrio va a tener una casa más sólida que, por una carta de su puño y letra enviada a la Presidenta Bachelet, se la entregarán completamente terminada. Sus ganas de crecer la llevaron a la Universidad Alberto Hurtado, donde estudia un diplomado para dirigentes sociales. “Cuando una está sola más se abren las puertas. Yo lo viví y no me lo enseñó nadie”, dice.

A puro tesón

Cuando las casas se caían producto de la lluvia y se las llevaba el río Mapocho, Rosa Vicencio ya vivía en el campamento Las Lomas, ubicado detrás del Colegio San José, en Lo Barnechea. Es más, ella nació en el lugar y a sus 50 años no lo ha abandonado nunca; ahí se casó y formó su familia y ahí es donde ahora trabaja, en un taller de costura móvil, que se monta cada mañana en la sede de la junta vecinal, que ella encabeza.

Ya es su segundo período presidencial desde que habita en la casa que la municipalidad le otorgó, hace 10 años, luego que sus antiguos moradores se fueran a una vivienda definitiva. Claro que no la recibió como está ahora: era mucho más pequeña, el pozo -en vez de baño- estaba fuera de la casa, apenas tenía dos dormitorios y el piso de cemento estaba en muy malas condiciones. “Acá vivo con mi esposo, mis dos hijos y mi nieto.
Nosotros la ampliamos y la arreglamos, la tenemos bonita, pero sé que no es mi casa
y que luego tendremos una definitiva”, dice. Ese sueño se verá pronto materializado y
sin abandonar los terrenos de propiedad de Bienes Nacionales donde vive junto a unas 700 familias más del campamento. “El proyecto habitacional lo van a hacer aquí mismo. Van a ser casas de cerca de 70 metros cuadrados que por cerca de un millón de pesos va a ser mía”.

Sus colegas del taller de costura cuentan cómo Rosa llama a Carabineros cuando ve drogas cerca de la población, cómo logró que pavimentaran la calle principal del campamento y que colocaran una biblioteca con computadores. Con el Fosis se hicieron cursos de carpintería, jardinería y se obtuvo los fondos para la biblioteca. La asesoría de Infocap ha servido para realizar talleres de peluquería y electricidad y Un Techo para Chile les ayuda jurídicamente -así su hija de 30 años pudo iniciar los trámites del divorcio- y ha sido
fundamental en su microempresa, ya que a través de un pequeño préstamo pudieron
comprar máquinas de costura con las que realizan diversos pedidos a colegios y
empresas, especialmente de buzos y uniformes de trabajo. “Yo siempre hice arreglos de ropa, tenía mi máquina de coser, pero ahora es distinto, porque trabajamos para varias empresas importantes. Aunque igual me gustaría tener un taller propio. Para eso estoy trabajando”.

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