“El 80% de las personas infectadas no llegan a revelarle su secreto a nadie”

En Mali, el sida es una pesada carga que se lleva en solitario
La Nación, Jueves 21 de Junio de 2007 

Grupos organizados de ayuda a los seropositivos africanos luchan contra la enfermedad pero más aún, con las sanciones sociales, los prejuicios y el tabú.

Philippe Bernard

Bamako.-Sola con su secreto, ella se obstina en mantener su buena presencia. “No estoy enferma, no tengo nada”, sonríe nerviosamente Mariam Sidibé, de 25 años. Con su taparrabos azul eléctrico, ella se abre paso anónima entre la multitud del mercado central de Bamako. Pero al acercarse al centro de salud, la elegante mira furtivamente en su entorno. “Si alguien me viera aquí, me enojaría mucho”.

Además de ella misma, sólo dos personas saben que es seropositiva: el doctor Mamadou Cissé, que le proporciona los medicamentos antiretrovirales, y la comadrona que la sigue desde que ella se embarazó. “Traté de decírselo a mi marido, pero no es posible”, afirma Mariam, que naturalmente habla con un nombre falso. “Podría echarme. No es un hombre de comunicación”, explica.

En Mali, como en otras partes de África, el sida sigue siendo un tabú total. “El 80% de las personas infectadas no llegan a revelarle su secreto a nadie”, calcula el doctor Cissé, responsable del centro de escucha, de cuidados, de animación y de consejos (Cesac), cuyo título resume sus funciones: tratar a los enfermos de sida desde un punto de vista médico pero también sicológico y social.

La estigmatización es tal que el centro dispone de una puerta secreta. Por ahí salen los pacientes que piensan haberse cruzado con una mirada conocida en el patio que sirve de sala de espera. Unas 120 personas acuden cotidianamente al Cesac para hacerse exámenes, recoger medicamentos, participar en debates.

Algunos, arruinados por las consecuencias de la enfermedad, pueden beneficiarse de un microcrédito para crear una “actividad que genere ingresos”. En un país sin ayuda social, el sida significa en primer lugar la muerte económica.

“El sufrimiento viene primero por la precariedad”, constata Modibo Kane, presidente de la red africana de personas que viven con el VIH, lo que contradice el lugar común de la formidable solidaridad de las familias africanas. “La enfermedad no es más que un pretexto para excluir a aquellos que ya no pueden alimentar a su familia. Cuando la gente pierde la fuerza para trabajar y pide ayuda, se descarta. Es la naturaleza humana. Nosotros luchamos sobre todo contra la naturaleza humana”, afirma.

Profesor de francés y militante activo, Kane personifica la victoria contra la estigmatización: “En mi barrio, todo el mundo sabe que soy seropositivo. Pero mis hijos no sufren por ello y eso no me impide ser un notable”.

Instalada en una villa puesta a su disposición por el Estado en el centro de Bamako, la red fue creada por seropositivos deseosos de romper el aislamiento. En los centros de detección, los trabajadores tratan de entablar el diálogo desde que la persona se entera de que es seropositiva. Primer mensaje: “Yo estoy infectado al igual que tú y soporto la enfermedad”. Después vienen las invitaciones a charlar y el seguimiento por teléfono.

MAR DE COSAS NO DICHAS

Pequeña revolución en el siniestro universo del sida africano, la gratuidad de los medicamentos antiretrovirales, establecida en Mali en 2004, es uno de los logros de su quinquenato presentado por el Presidente Amadou Toumani Touré para
su reelección, el 29 de abril.

“Antes de 2001, los antiretrovirales eran tan caros que nosotros teníamos dos grupos de enfermos -recuerda el doctor Cissé- aquellos pocos a quienes no titubeábamos en hablarles del tratamiento, pues sabíamos que podrían conseguir los 537 euros (429 dólares) mensuales necesarios. Y los otros, la mayoría, que no tenían dinero y a quienes sugeríamos que pidieran cooperación a su familia. Eso les ayudaba a algunos a hablar de la enfermedad. Otros no podían y se resignaban al silencio, aunque eso les significara la muerte”.

Desde entonces, el precio de los medicamentos se ha reducido en 90% y se pudo instaurar su gratuidad gracias a financiamientos del Fondo Mundial de Naciones Unidas y del Banco Mundial y al voluntarismo político.

Mariam Sidibé se beneficia de la gratuidad -“eso me permite tomarme las pastillas mañana y tarde”- sin que ello le ayude a salir del aislamiento. Sus medicamentos los toma en pastilla, justo después de que su esposo sale al trabajo. Pero ella jamás se ha atrevido a preguntarle porqué también toma medicamentos. A media voz, Mariam Sidibé considera la posibilidad de que esposo sea seropositivo. “Prefiero no preguntárselo. Él es muy violento”.

La llegada del bebé le proporcionará la ocasión de hablar sólo si éste es también seropositivo.

En ese mar de cosas no dichas, Rokia Diallo, de 20 años, es una sobreviviente. Su marido no ignora nada de su estado. “Fue él quien me llevó al centro médico cuando todavía éramos novios. Yo no podía caminar y tenía llagas en la boca. Hizo que me atendieran y decidió cuidarme siendo que él era seronegativo. Después nos casamos. Fue una prueba de amor”, sonríe tímidamente.

Adelgazada después de un año de triterapia, Rokia se volvió militante de la palabra. Ella presenta su testimonio ante otros pacientes del Cesac y trata de tranquilizarlos.

TESTIMONIOS Y LECCIONES

En el hangar de la red de personas que viven con VIH, los concursos de elegancia, “testimonios de dignidad”, en los que las mujeres seropositivas llevan collares de preservativos, se alternan con las prédicas de un imán destinadas a aportar “apoyo espiritual”. Las comidas familiares preceden a las sesiones de “sensibilización”. Las jóvenes viudas cuyos maridos murieron de sida son uno de los “objetivos” de esas sesiones.

Se trata de exhortarlas a que se hagan un examen de detección y a exigir el preservativo. La tradición del levirato, en efecto, indica que la viuda pase a ser mujer del cuñado. Así, la herencia queda en familia. Pero un funcionario de salud advierte: “En muchos casos, esa herencia está constituida por un único elemento que va a destruir a la familia: el sida”.

Le Monde

The New York Times Syndicate

Copyright © 2005, Empresa Periodística La Nación S.A. 

Impactos: 1

Deja una respuesta